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jueves, 25 de febrero de 2010

Detrás de la corrupción












Por Pablo Bonaparte *

Las charlas de café nos revelan conocimientos que tomamos por ciertos aunque disten de todo rigor. Una de estas charlas comenzó cuando el Dani le espetó al Rafa “Pero, che... parece que si no es San Martín en su caballo blanco, no seguís a nadie”. “Ojo al palo” contestó sereno el Rafa, “ni yo ni ninguno de esta mesa lo hubiera seguido si supieran lo que sé”. Todos le dirigimos una mirada de sorna pero su postura y sonrisa suficiente nos indicaron que podíamos estar ante la presencia de una de esas revelaciones que nos marcan en la vida, como que los Reyes no existen o los papás tienen sexo. “Es así”, reafirmó el Rafa. “Tuve acceso a un documento de la época... la carta de un soldado, José Félix Gallardo, que publicó un diario de Buenos Aires, que nos devela la verdad de las intenciones sanmartinianas” Ahí volvió a aparecer un silencio interminable, que generó el propio Rafa, para comprobar cuán enganchados estábamos. “La carta es larguísima y cuenta que el tipo se había enrolado en los granaderos porque le gustaban los caballos, pero parece que nunca terminó de tragarse a San Martín por el acento gallego que traía. Imaginate lo que debe haber sido. Poner tu vida a las órdenes de uno que había servido al enemigo y con honores. Pero bue... parece que se la bancó y hasta había empezado a creerle cuando pelearon en San Lorenzo. Pero lo que terminó finalmente por convencerlo de la traición fue que en vez de dar batalla en el Norte, como todos, se rajó para el Sur... y se la pasó haciendo caja diciendo que era para hacer un ejército de liberación... escuchen ésta, ¡jerarquizó a españoles que habían luchado contra ellos en San Lorenzo y a los chilenos! Pero esto no es todo. El tipo se enteró de una serie de negociados tremendos con frazadas, víveres y qué sé yo cuántas cosas más, todos los días tenían a una madre que se quejaba por los soldados que violaban a sus hijas. Imaginate la sensación de inseguridad que debía tener esa gente... porque el ejército trucho de San Martín estaba lleno de negros y gente pobre sin ninguna cultura. El aguatero era un vago bárbaro. Sacaba el agua de cualquier lado para no moverse hasta los manantiales y por eso a éste le agarró una colitis que ni te cuento. Un día parece que le tocó ser edecán y acompañar a San Martín a una fiesta de la gente de sociedad. Ahí se dio cuenta del verdadero propósito del general. Sólo quería guita, era un vendido, un traidor. El tipo con el cuento del cruce de los Andes se estaba forrando y permitiendo que las fuerzas españolas se fortalecieran en el Norte. Se ve que uno de la fiesta vio la cara de indignación que el soldado tenía y se acercó a hablarle. Ahí fue que le sugirió que no se callara, que él le pagaba el viaje a Buenos Aires o mandaba una carta para que todo el mundo se enterara de quién era en verdad San Martín. Decí que en esa época no había los medios de comunicación que hay ahora.” “¡Pero, che! –protestamos todos–, San Martín cruzó los Andes y liberó a medio continente.” “Bueno... pero era corrupto.”

Una de las facetas de la comunicación de masas moderna es reducir los procesos histórico-sociales a decisiones personales. Por otro lado, la naturalización que los medios realizan de la política como el ámbito de la mezquindad y el latrocinio hace imposible cualquier discurso que incorpore en ellos proyectos colectivos que no sean asociaciones ilícitas. Dentro de este marco, algunos se constituyen en paladines del honor que los medios construyen y destituyen todo el tiempo en una lucha infinita por “cazar” o “desenmascarar” a corruptos que no se relacionen, claro está, con sus anunciantes o ellos mismos. Tanta saña en la denuncia denota un interés específico: impedir la discusión de un proyecto de futuro. Con el tiempo fui descubriendo en este caso que la denuncia no tiene que ver con la falsedad o la verdad de las acusaciones, sino con la inmovilización que provoca, y cuando ya no podemos movernos y nuestra prisión resulta insoportable, pateamos el tablero.

Detrás de la corrupción hay una madre, que denuncia a su hija con vehemencia, para que ésta pueda crecer fuerte y sana. Porque lo único que puede controlar a madre e hija es un pueblo que se incorpora a la historia. Si a pesar de sus temores ese granadero cruzó los Andes, pudo constatarlo. Y si fue de los pocos que volvieron a pie de Ayacucho, hubiera descubierto que habían disuelto su Regimiento y desconocido su lucha por un decreto firmado con la misma tinta con que publicaron su carta.

* Escritor, antropólogo.

miércoles, 24 de febrero de 2010

MALVINAS: LA MIRADA DEL "TIMES" DE LONDRES...






Hoy, en el sitio del diario inglés "The Times", bajo el título "Brasil Ataca a la UN por su ausencia sobre "Falklands", se publica un artículo que es importante leer: NO HE VISTO AUN EN LA PRENSA ARGENTINA PUBLICADAS LAS COSAS QUE INFORMA ESE ARTICULO.

Por:David IudEl original puede leerse en http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/us_and_americas/article7039257.ece"El Presidente “Lula” da Silva, de Brasil, atacó hoy a las Naciones Unidas pora haber fallado en su intervención sobre la soberanía en las Islas Falkland (sic, los ingleses se niegan a usar el nombre Malvinas) y denunció que esa falencia se debe a la membresía británica en el Consejo de Seguridad.Hablando en el cierre de la cumbre regional de México Lula criticó a la ONU por no presionar mas enérgicamente la reapertura del debate.Su intervención se produce luego de una reunión mantenida, avanzado el día, con el Secretario General de la UN, Ban Ki Moon y el Ministro del Exterior Argentino, Jorge Taiana“Nuestra actitud es de solidaridad con la Argentina”, dijo Lula. ¿Cuál es la explicación geográfica, política y económica de la presencia inglesa en Malvinas? (sic) ¿Cuál es la explicación de que las Naciones Unidas nunca hallan tomado una decisión?¿Puede ser la membresía permanente del Consejo de Seguridad de las naciones Unidas, la causa de que ellos puedan hacer todo y los otros nada? No es posible que Argentina no sea el dueño y Inglaterra si, a pesar de estar a 14.000 kilometros de distancia! En la cumbre del en Grupo de Rio en Mexico ayer, Argentina logró un apoyo sin precedentes de otras naciones latinoamericanas para su reclamo de que el Reino Unido cese las perforaciones petroleras en aguas cercanas a las Islas.El litigio escaló por el arribo de la plataforma de exploración petrolera off-shore “Ocean Guardian”, la cual comenzó las perforaciones 60 millas al norte de las Islas, luego que Argentina anunciara medidas de control naviero. Argentina e Inglaterra pelearon una guerra de dos meses por las Islas en 1982.David Miliband, el Secretario del Exterior (Ministro de Exteriores del Gobierno Inglés), insistió ayer en que la exploración cumple integramente la ley internacional aunque funcionarios admitieron, privadamente, que el Reino Unido se había preparado para una confrontación diplomática con Argentina desde hace meses.Argentina logró un golpe diplomático en la cumbre de Rio cuando 32 lideres de America Latina y el Caribe respaldaron sus “legitimos derecho” (el encomillado es del diario ingles) en el litigio de soberanía con Gran Bretaña.Hugo Chavez, el Presidente venezolano, usó un discurso televisivo para lanzar “devuelva las Islas a la Argentina, Reina de Inglaterra”Pero fue el respaldo de países como Chile y Brasil (que está presionando por lograr un asiento permanente en el Consejo de Seguridad) – paréntesis del diario inglés- lo que debe ser de mayor preocupación (sic).Cristina Fernandez de Kirchner, la Presidenta Argentina, dijo que Inglaterra ha violado la resolución de las NN. UU. Que prohíbe desarrollos unilaterales en aguas disputadas. Acusó a Gran Bretaña de tener un doble discurso en su pretension sobre los recursos naturales de las islas, pero descartó todo involucramiento militar o bloqueo de la navegación.Funcionarios británicos dijeron que Gordon Brown y el Sr. Miliband (Primer Ministro y Ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, respectivamente, aclaración del traductor) esperarán el desarrollo de los acontecimientos en las naciones Unidas antes de decidir como responder. Diplomáticos de America Latina creen que la Presidenta Kirchner está utilizando este asunto con objetivos internos. Esto es principalmente una campaña de relaciones publicas, no un serio esfuerzo legal o diplomático”, dijo uno.Los Estados Unidos ofrecieron a Inglaterra solo un tibio apoyo. El Departamento de Estado dijo que no tomaría posición por ningún país en el reclamo de soberanía.Funcionarios del Departamento de Estado consultados por “The Times” dijeron que no querían se citados en relación con el tema “no por miedo a ser llevados a un manejo diplomático, sino porque –según admitió uno de ellos – porque apenas ha sido registrado como problema por la Administración”Una generación atrás, la Administración Reagan tardó en respaldar el esfuerzo militar británico por recuperar las islas, mientas la inteligencia norteamericana era crítica sobre el éxito militar británico."

NO PUEDO EVITAR HACER UNOS CORTOS COMENTARIOS:

1) Es un escándalo que la "prensa independiente" oculte al pueblo argentino información claramente favorable al país. Es inevitable interpretar que lo hacen porque su actitud cerrilmente opositora no admite dar a publicidad éxitos que haya logrado la Presidenta y su gobierno. Ello, aunque se trate de una cuestión cara a los sentimientos de toda la Nación. "La Nacion" titula hoy "La Gran Bretaña restó importancia al apoyo regional al reclamo por Malvinas". Visto lo que publica el enemigo, -porque eso es lo que expresa la prensa inglesa -, el sesgo de este título de "La Nación", a mas de ser mentira, está al borde de la traición, y no es cualquier traición, es traición a la Patria.

2) El artículo testimonia lo acertado y exitoso del dictado del Decreto 256/2010, el que establecio normas para la navegacion de buques extranjeros en Malvinas. La admisión del "respaldo sin precedentes" y su preocupación por el peso de Brasil y Chile en su apoyo, exime de todo comentario.

3) Si bien es cierto que la iniciativa brasileña se inscribe en su estrategia para lograr un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, no es menos cierto que en ese camino, los intereses de brasil y la Argentina son coincidentes y no opuestos. La permanente y obsesiva búsqueda de la "prensa independiente" de dificultades, problemas y peleas con Brasil es también, en este sentido, un escándalo: da cuenta de la permanente postura de estos señores contra el país.

4) Finalmente, da pena comprobar que, tempranamente, algunos compatriotas enceguecidos por el odio, se precipitaron a decir lo mismo que -falsamente- dice el enemigo: que esto es una especie de "cortina de humo" motivada por cuestiones internas. Si así fuera ¿como se explica el respaldo de Brasil? O es que tiene tanto poder Kirchner que le ordena lo que tiene que hacer a Lula? La postura es ridícula, y la repetición de algunos compatriotas, dolorosa.

Involutivo Volitivo








Por Tato Contissa

“Martín Caparrós es de izquierda, pero nunca fue kirchnerista. También está en contra del matrimonio gay, aunque se define como progresista.

Acaba de terminar unas crónicas sobre el cambio climático para las Naciones Unidas, pero rechaza la ecología, que define como una causa conservadora. Es, además, anarquista; sin embargo, lo único que valora del kirchnerismo es la recuperación del Estado, destruido en los 90. Y, finalmente, descree, tajante, de que haya dos proyectos políticos antagónicos, disputados por el kirchnerismo y la centroderecha.”

Así encabeza y resume Laura Di Marco su entrevista a Caparrós para el diario La Nación. Nota peldaño del diario conservador que compone una larga escalera de intelectuales propios y ajenos que se convocan para un único cometido, ocupar el rubro “pensamiento” en el supermercado del país colonial.

Caparrós ha ido articulando con buena fortuna a través del tiempo un reducido número de elegancias, transgresiones descafeinadas y rutilancias a la carta, todo ello con el ensamble de su innegable talento. Supo elegir, con el regreso de la democracia, los juicios y los gestos adecuados para el prestigio posible, logrando así tanto la aquiescencia de los creadores de la teoría de los dos demonios como los fervores de los sectores no peronistas del progresismo argentino.

Un buen pozón para la pesca de admiraciones. Como todo enfant terrible, Martín dejó de ser terrible cuando dejó de ser enfant y cabalgó, desde entonces, en la permanente búsqueda de escandalotes teóricos y extremismos hueros, los suficientemente teóricos y hueros como para provocar rubores de living en la “intelectualidad” argentina. Digo esto, no en el afán de desmerecer al personaje, sino en el de ahorrarnos el dolor de verlo tan dispuesto a integrar, con su voz atenorada, el coro de la reacción a la que le presta sala cotidianamente el diario de los Mitre. Pensaba yo, tras la lectura de la entrevista, cuanto derroche de respeto ha hecho la generación quenos sigue con estos engolados de cotillón.

Arreciar contra el matrimonio gay, limitar la significación de Sinatra por su relación con la mafia o poner a todo el movimiento mundial ecologista detrás de la misma ballena, le han valido siempre el pago de los asombrados y los desprevenidos, quienes lo juzgan así como el más agudo bigote en punta desde Dalí hasta la fecha. En referencia a Sinatra es probable, como asegura Gerardo Fernández, que Caparrós esté sordo. Por su parte, la reproducción de todo el espectro de pensamiento humano sobre el movimiento ecologista (hay de todo, desde humanistas preocupados por el hambre hasta tontos útiles asociados a la tarea de los servicios de inteligencia europeos) convierte la definición de “conservador” en una pequeña estupidez disfrazada de revulsivo. Como Palermo, este otro Martín es interminable, sigamos: “Sí: soy anarquista y un ferviente antiestatista. Pero en países como el nuestro, en el que unos pocos tienen mucho poder y otros tienen muy poquito, el Estado es necesario para regular las relaciones sociales. Lamento que el kirchnerismo haga una política de centroderecha con un discurso que a veces apela a cierto populismo "derechohumanista". Para mí, lo que define la política K es un dato: la brecha entre los más pobres y los más ricos, en vez de achicarse, crece. Ese es el tipo de dato que explica cuál es la política socioeconómica del Gobierno: la que definimos como derechista.”

Decirse anarquista en el siglo XXI es decir ninguna cosa de riesgo y menos de valía, tanto como declararse fascinado con el art decó, pero como toda pelotudes tiene su estruendo, a falta de músicas que digan algo, bien vale hacer ese sonido.

Pero lo que resulta llamativo es como el “izquierdista” vindica la falaz idea de “centro y algo más” , indumentaria engañosa con que la derecha conservadora de la democracia liberal burguesa esconde lo más reaccionario de su cosmovisión y se “aggiorna” para ser aceptada por los nuevos desprevenidos. Ignoro además qué país es tan diferente al nuestro en eso de que pocos tienen mucho poder y muchos poquito, no he viajado tanto como para conocer comarcas de esta galaxia en dónde no haga falta un Estado que “regule las relaciones sociales”. Tal vez en las habitaciones de los hoteles internacionales bien se vale ser un anarquista.

No sobra decir que el dato “preocupante” de la brecha que separa a pobres y ricos es un dato estético y casi religioso, muy poco importante a la hora de revelar el estado de la justicia social de una comunidad. No así, en cambio, el dato numérico de cómo se reparte la renta, de cual es la participación porcentual en el ingreso nacional del sector asalariado. Ese es el dato Martín, aquí es el dato. Se nota que el gobierno de los Kirchner no le ha prestado al hombre la debida atención. A decir verdad a muchos de nosotros tampoco, pero en el caso de Martín el envanecimiento convierte esa desatención en un pecado mortal. Para mí como para otros, en cambio, lo que importa nos trasciende. Por eso sin ser kirchnerista estoy convencido que con este gobierno hemos recuperado la ruta perdida en el 76, y eso me vale morder el freno cada vez que algo me enoja. Pero para que esa trascendencia te haga sentir su peso uno tiene que tener causa. Dijo Caparrós una vez refiriéndose a Menem: “el traidor es sólo consecuente consigo mismo”; el fatuo también Martín, y el vanidoso mucho más.

Provisto de números de origen desconocido que cuentan de una profundización en la brecha que separa a pobres de ricos, contra la mejora en el sector pasivo, la baja del desempleo, la suba del empleo en blanco, la apertura de paritarias, el incremento de argentinos dentro del sistema de salud y el crecimiento en los niveles populares de consumo, Martín da por concluído el análisis. Amigo de hacer aguafuertes ciudadanas caminando por el Central Park bien podría hacerse unas cuadritas por el Once, si es que sabe dónde queda, para ver que (lejos todavía de lo justo es cierto) algo en la dirección del país ha cambiado para bien. Yo quiero más de eso, no me conformo, y menos me conformo con decir que todo es lo mismo.

Si está claro que el país que queremos necesita de otros intelectuales, también lo está que los Caparrós necesitan de esta Argentina que tenemos y se atemorizan cuando ven salir humos de cocinas desconocidas que amenazan con el cambio de menú.

Hay suficiente inteligencia en Caparrós como para advertir la diferencia, pasa que le falla la voluntad.

martes, 23 de febrero de 2010

El neoliberalismo en democracia








Por Aldo Ferrer

En el mar­co de una den­si­dad na­cio­nal muy frá­gil y vul­ne­ra­ble tu­vie­ron lu­gar, en la dé­ca­da del ’90, las po­lí­ti­cas neo­li­be­ra­les que en la Ar­gen­ti­na, más que en cual­quier otro país de la Amé­ri­ca la­ti­na, se lle­va­ron a ca­bo has­ta sus úl­ti­mas con­se­cuen­cias. Por ejem­plo, la Ar­gen­ti­na fue el úni­co de los paí­ses la­ti­noa­me­ri­ca­nos que ex­tran­je­ri­zó la em­pre­sa pe­tro­le­ra es­ta­tal. En un de­sen­fre­no de can­je de deu­da im­pa­ga­ble por ac­ti­vos va­lio­sos, si­mul­tá­nea­men­te se ven­die­ron y, ma­yo­ri­ta­ria­men­te, ex­tran­je­ri­za­ron, los prin­ci­pa­les sec­to­res de la in­fraes­truc­tu­ra de trans­por­tes, co­mu­ni­ca­cio­nes y ener­gía.

Nú­cleos fun­da­men­ta­les de la eco­no­mía y las prin­ci­pa­les em­pre­sas pri­va­das pa­sa­ron al con­trol de fi­lia­les de cor­po­ra­cio­nes tras­na­cio­na­les. Al fi­nal del pro­ce­so, de las 500 ma­yo­res em­pre­sas no fi­nan­cie­ras, más de 300, con cer­ca del 90% del va­lor agre­ga­do, se con­vir­tie­ron en fi­lia­les. El ré­gi­men de con­ver­ti­bi­li­dad con ti­po de cam­bio fi­jo con­vir­tió al Ban­co Cen­tral en una Ca­ja de Con­ver­sión, de pe­sos en dó­la­res, per­dien­do el con­trol de la po­lí­ti­ca mo­ne­ta­ria. To­da la po­lí­ti­ca eco­nó­mi­ca que­dó su­bor­di­na­da a los mo­vi­mien­tos de ca­pi­ta­les es­pe­cu­la­ti­vos.

La pri­va­ti­za­ción del sis­te­ma ju­bi­la­to­rio co­lo­có la prin­ci­pal fuen­te de for­ma­ción del aho­rro in­ter­no al ser­vi­cio de ren­tas de los in­ter­me­dia­rios, la es­pe­cu­la­ción fi­nan­cie­ra y la sa­li­da de ca­pi­ta­les. Los de­sa­rro­llos tec­no­ló­gi­cos de van­guar­dia en ener­gía nu­clear, in­dus­tria ae­ro­náu­ti­ca y mi­si­lís­ti­ca pa­ra fi­nes pa­cí­fi­cos, fue­ron pa­ra­li­za­dos, ven­di­dos o sim­ple­men­te des­man­te­la­dos, co­mo su­ce­dió con el pro­yec­to mi­si­lís­ti­co Cón­dor, de Fal­da del Car­men. El im­pul­so pri­va­tis­ta y ex­tran­je­ri­za­dor prác­ti­ca­men­te no de­jó na­da im­por­tan­te por ven­der.

Lo que no se ven­dió, co­mo las plan­tas nu­clea­res, no lo fue por­que no hu­bo in­te­re­sa­dos. Al mis­mo tiem­po, la po­lí­ti­ca eco­nó­mi­ca se ata­ba de pies y ma­nos ba­jo el ré­gi­men de la con­ver­ti­bi­li­dad. Fi­nal­men­te, la apre­cia­ción del pe­so des­tru­yó la com­pe­ti­ti­vi­dad de bue­na par­te de la pro­duc­ción de bie­nes tran­sa­bles.
Es­ta es­tra­te­gia de­te­rio­ró el te­ji­do de pe­que­ñas y me­dia­nas em­pre­sas, par­ti­cu­lar­men­te en los gran­des cen­tros ur­ba­nos y en las ac­ti­vi­da­des pro­duc­to­ras de bie­nes tran­sa­bles.

Con­se­cuen­te­men­te, au­men­tó la con­cen­tra­ción de la pro­duc­ción en po­cas fir­mas, ma­yo­ri­ta­ria­men­te ex­tran­je­ras. Se de­sar­ti­cu­la­ron las ca­de­nas de va­lor en las ac­ti­vi­da­des de ma­yor den­si­dad tec­no­ló­gi­ca, en don­de eran pro­ta­go­nis­tas mu­chas py­mes.

De­sa­pa­re­cie­ron en el sec­tor pri­va­do ac­ti­vi­da­des de in­ves­ti­ga­ción y de­sa­rro­llo, in­no­va­ción y adap­ta­ción de tec­no­lo­gía. Con la ven­ta de YPF, se des­man­te­ló el acer­vo tec­no­ló­gi­co acu­mu­la­do en la em­pre­sa, exac­ta­men­te al con­tra­rio de la ex­pe­rien­cia de Pe­tro­bras que se con­vir­tió en ti­tu­lar de tec­no­lo­gías de pun­ta, so­bre to­do en la pro­duc­ción offs­ho­re. Lo mis­mo su­ce­dió con la ex­tran­je­ri­za­ción de la fá­bri­ca de avio­nes de Cór­do­ba, mien­tras Bra­sil po­nía en mar­cha el de­sa­rro­llo de Em­braer, ac­tual­men­te la ter­ce­ra pro­duc­to­ra de ae­ro­na­ves del mun­do.

Los as­ti­lle­ros y la in­dus­tria na­val, in­clu­yen­do la de em­bar­ca­cio­nes de­por­ti­vas, su­frie­ron la mis­ma suer­te. Fue un ata­que sis­te­má­ti­co al sis­te­ma na­cio­nal de cien­cia y tec­no­lo­gía con­sis­ten­te con el man­da­to de que “los cien­tí­fi­cos fue­ran a la­var pla­tos”. El sec­tor agro­pe­cua­rio so­por­tó me­jor por­que co­men­za­ba una fuer­te ex­pan­sión de la de­man­da mun­dial y te­nía lu­gar, en el sec­tor, una re­vo­lu­ción tec­no­ló­gi­ca. Sin em­bar­go, su po­si­ción fi­nan­cie­ra es­ta­ba se­ria­men­te com­pro­me­ti­da al fi­nal del pe­río­do.

En la in­fraes­truc­tu­ra, se des­man­te­ló el sis­te­ma fe­rro­via­rio, en una épo­ca en la cual el fe­rro­ca­rril era re­va­lo­ri­za­do en el mun­do co­mo un efi­cien­te me­dio de trans­por­te. En cam­bio, se dio im­pul­so, ba­jo el ré­gi­men de pea­jes, a un de­sa­rro­llo con­si­de­ra­ble de la red de au­to­pis­tas y ca­rre­te­ras. Lo mis­mo su­ce­dió con el de­sa­rro­llo de ae­ro­puer­tos. La ex­tran­je­ri­za­ción de Ae­ro­lí­neas Ar­gen­ti­nas im­pli­có la ven­ta de una em­pre­sa es­ta­tal, ra­zo­na­ble­men­te efi­cien­te y com­pe­ti­ti­va, pa­ra con­ver­tir­la en un ob­je­to más de la es­pe­cu­la­ción y el sa­queo de ac­ti­vos pú­bli­cos.

De las pri­va­ti­za­cio­nes, só­lo so­por­ta­ron el test de la efi­cien­cia, las li­ga­das a los sec­to­res, co­mo el de las te­le­co­mu­ni­ca­cio­nes,?de ace­le­ra­do cam­bio tec­no­ló­gi­co, en los cua­les la re­vo­lu­ción tec­no­ló­gi­ca fue de tal mag­ni­tud que ha­ce in­com­pa­ra­ble la per­for­man­ce de las em­pre­sas ba­jo con­duc­ción pú­bli­ca an­tes de la pri­va­ti­za­ción y la pri­va­da, des­pués de la mis­ma. En otros paí­ses, co­mo Uru­guay, el man­te­ni­mien­to del sis­te­ma de co­mu­ni­ca­cio­nes en ma­nos del Es­ta­do tu­vo lo­gros ma­yo­res de efi­cien­cia y cos­tos que los al­can­za­dos en la Ar­gen­ti­na des­pués de la ex­tran­je­ri­za­ción.

En los sec­to­res de tec­no­lo­gía es­ta­bi­li­za­da, co­mo trans­por­te aé­reo y fe­rro­via­rio, aguas po­ta­bles y otros, las pri­va­ti­za­cio­nes fra­ca­sa­ron ca­si sin ex­cep­cio­nes. En re­su­men, el Es­ta­do y sus em­pre­sas (que de­bían ser re­for­ma­dos, con un es­pa­cio im­por­tan­te pa­ra la pre­sen­cia pri­va­da, en con­di­cio­nes de efi­cien­cia y trans­pa­ren­cia), fue­ron pues­tos al ser­vi­cio de la es­pe­cu­la­ción y el sa­queo del pa­tri­mo­nio pú­bli­co.

El pe­río­do de eu­fo­ria del Plan de Con­ver­ti­bi­li­dad, sos­te­ni­do por el cré­di­to in­ter­na­cio­nal y los in­gre­sos de­ri­va­dos de las pri­va­ti­za­cio­nes, per­mi­tió una con­si­de­ra­ble re­cu­pe­ra­ción de la ac­ti­vi­dad eco­nó­mi­ca res­pec­to del de­pri­mi­do ni­vel de la cri­sis de 1989/1990, pe­ro al fi­nal de la dé­ca­da del go­bier­no de Me­nem, en 1999, el PBI per cá­pi­ta es­ta­ba prác­ti­ca­men­te al mis­mo ni­vel de vein­te años an­tes. El sis­te­ma acu­mu­ló cre­cien­tes de­se­qui­li­brios fis­ca­les y?de ba­lan­ce de pa­gos, en un es­ce­na­rio de au­men­to cons­tan­te de la deu­da ex­ter­na.

En la dé­ca­da del ’90, la cuen­ta co­rrien­te del ba­lan­ce de pa­gos acu­mu­ló un dé­fi­cit su­pe­rior a u$s70.000 mi­llo­nes y la deu­da ex­ter­na au­men­tó otro tan­to. Los in­gre­sos de­ri­va­dos de las pri­va­ti­za­cio­nes del pe­tró­leo, las te­le­co­mu­ni­ca­cio­nes y, prác­ti­ca­men­te, la to­ta­li­dad de la in­fraes­truc­tu­ra de ser­vi­cios pú­bli­cos, no al­can­za­ron pa­ra com­pen­sar los de­se­qui­li­brios pro­vo­ca­dos por la apre­cia­ción cam­bia­ria y el con­jun­to de la es­tra­te­gia neo­li­be­ral.

La es­ta­bi­li­dad de pre­cios se sos­tu­vo so­bre la ba­se efí­me­ra de nue­va deu­da y la des­truc­ción de ca­pa­ci­dad com­pe­ti­ti­va. Los mo­men­tos de in­cer­ti­dum­bre en la eco­no­mía mun­dial pro­vo­ca­ron la fu­ga ma­si­va de ca­pi­ta­les, co­mo su­ce­dió con la lla­ma­da cri­sis del te­qui­la y, más tar­de, la de va­rios paí­ses asiá­ti­cos. El sis­te­ma se sos­te­nía so­bre la ba­se del res­pal­do del FMI y el ac­ce­so al cré­di­to in­ter­na­cio­nal. Cuan­do los de­se­qui­li­brios fue­ron ta­les, que la in­sol­ven­cia y el de­fault eran in­mi­nen­tes, el sis­te­ma se apro­xi­ma­ba al co­lap­so, lo cual su­ce­dió ba­jo del go­bier­no de la Alian­za.

La po­lí­ti­ca ex­te­rior fue con­sis­ten­te con la es­tra­te­gia del “rea­lis­mo pe­ri­fé­ri­co”, va­le de­cir, la ad­he­sión in­con­di­cio­nal al cen­tro he­ge­mó­ni­co, pa­ra ser de­po­si­ta­rio de su con­fian­za y des­ti­na­ta­rio de los cré­di­tos e in­ver­sio­nes de los cen­tros de po­der in­ter­na­cio­nal. Las “re­la­cio­nes car­na­les” con los Es­ta­dos Uni­dos fue­ron una for­ma muy grá­fi­ca de ca­rac­te­ri­zar una po­lí­ti­ca cu­yo ob­je­ti­vo es­ta­ba re­du­ci­do a “trans­mi­tir se­ña­les amis­to­sas a los mer­ca­dos”. El com­pro­mi­so lle­gó al ex­tre­mo de in­vo­lu­crar­se en el con­flic­to del Orien­te Me­dio, con­tra­ria­men­te a la pru­den­te tra­di­ción de la me­jor po­lí­ti­ca ex­te­rior ar­gen­ti­na, de no en­tro­me­ter­se en los con­flic­tos de las gran­des po­ten­cias. Las con­se­cuen­cias de se­me­jan­te ac­ti­tud pro­ba­ble­men­te in­clu­yen que, po­co más tar­de, la Ar­gen­ti­na fue­ra es­ce­na­rio de ata­ques te­rro­ris­tas con­tra la co­mu­ni­dad ju­día.

Una eco­no­mía en cri­sis, sin ac­ce­so al cré­di­to in­ter­na­cio­nal, las re­glas del jue­go de la con­ver­ti­bi­li­dad ago­ta­das y una po­lí­ti­ca ex­te­rior gol­pea­da por la im­pru­den­cia, fue la he­ren­cia que re­ci­bió el go­bier­no de la Alian­za. La so­cie­dad bus­có una al­ter­na­ti­va a la es­tra­te­gia del go­bier­no Me­nem pe­ro, en de­fi­ni­ti­va, se li­mi­tó a in­ten­tar ad­mi­nis­trar me­jor la mis­ma po­lí­ti­ca, sin cam­biar las re­glas del jue­go, in­clu­yen­do la con­ver­ti­bi­li­dad y el uno a uno.

La cri­sis de con­fian­za im­pul­só la sa­li­da ma­si­va de ca­pi­ta­les, ge­ne­ró bro­tes de vio­len­cia, pro­vo­có la re­nun­cia del pre­si­den­te a fi­nes del 2001 y cul­mi­nó en un de­sor­den sin pre­ce­den­tes. El país vol­vía a pa­gar un al­to pre­cio por la fra­gi­li­dad y vul­ne­ra­bi­li­dad de su den­si­dad na­cio­nal.

La es­tra­te­gia neo­li­be­ral se ins­ta­ló con el gol­pe de Es­ta­do de 1976 y pre­do­mi­nó has­ta la ex­traor­di­na­ria cri­sis del 2001/2002. Ese cuar­to de si­glo fue el peor de la his­to­ria eco­nó­mi­ca ar­gen­ti­na. El PBI per cá­pi­ta dis­mi­nu­yó en 10% en­tre un ex­tre­mo y otro. El de­te­rio­ro so­cial que­dó re­fle­ja­do en el de­sem­pleo del 24% de la fuer­za de tra­ba­jo, un em­pleo in­for­mal de más del 50% de la ocu­pa­ción y pro­por­cio­nes sin pre­ce­den­tes de po­bre­za, in­di­gen­cia y con­cen­tra­ción del in­gre­so. Co­mo ve­re­mos en la pró­xi­ma no­ta, el de­sor­den de la ma­croe­co­no­mía fue tam­bién ex­traor­di­na­rio.


* Di­rec­tor Edi­to­rial de Bue­nos Ai­res Eco­nó­mi­co

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