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miércoles, 22 de junio de 2011

QUE BUENO !!!



¡Que bueno, que me senté frente a la tele, para saber del anuncio de los LSD!

Allí la tele me reveló: a la Cristina que me conmocionó.

Las cámaras de ese momento la tomaban de perfil…

De perfil su cuerpo, de perfil su cara, de perfil su atrio.

De perfil su figura y su esencia…femenina, muy femenina, y de apariencia frágil.

Siempre imaginé líderes, de figura musculosa y fuerte…masculina.

Descubro hoy, la fortaleza en la inteligencia, la convicción y la belleza.

Belleza, que muestra su esencia, de saber de amor…

Por su pueblo, por su patria, por su hombre, por sus hijos.

Siempre Cristina, logra en mí, la sorpresa… ¡sorpresa de encontrar tanta inteligencia!

¡Simplemente esperó que el puchero se cociera!

Confieso avergonzado, que siempre pensé, en sus geniales asesores.

Hoy entendí por fin y por suerte, que los asesores pueden asesorarla bien…

Pero me queda claro, que ella decidió y no se equivoca.

De perfil su figura y su esencia…femenina, muy femenina, y de apariencia frágil…

Me aseguró, que era ella tan, pero tan fuerte, que tenía que hacerse cargo de Argentina.

Y sentí entonces, como en los viejos tiempos, que me abrazaba nuevamente la esperanza.

Beto libre 21.06.2012.

lunes, 13 de junio de 2011

"TODOS LOS MOVIMIENTOS DE DDHH SALEN A DEFENDER A LAS MADRES


El comunicado dice:

Ante los hechos de público conocimiento, los Organismos de Derechos Humanos abajo firmantes expresamos:

Que la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia no puede ser manchada ni atacada por ningún grupo económico ni político, que intente desprestigiar el arduo y comprometido camino que hemos recorrido en más de treinta años.Todos nosotros surgimos del dolor más profundo que significa el habernos arrancado a nuestros familiares y habernos negado durante tantos años el derecho a la Justicia. En este momento de juicios históricos a los genocidas y de la exigencia del cese de la impunidad para los cómplices civiles, vemos a sectores vinculados con crímenes políticos y económicos del terrorismo de Estado intentar ensuciar los pañuelos blancos, abrazados por todo el pueblo, incluso por el mundo entero, ante el cual las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo son un ejemplo histórico en materia de compromiso y derechos humanos.No nos parece casual que en estos tiempos en los que se investiga la participación de los grupos económicos en el genocidio se manipule la información sobre Sergio Shoklender para agredir la lucha histórica de los Organismos de Derechos Humanos.

Estamos convencidos de que la Justicia será la encargada de resolver la situación del ex apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo.No podemos dejar de lado que en el momento de máximo avance hasta ahora en la Justicia, a 10 años de la apertura de la causa que involucra el derecho a la identidad de Marcela y Felipe Noble Herrera, se pretenda poner en duda la legitimidad de nuestra lucha.Repudiamos el uso que se está haciendo sobre este tema, que está siendo utilizado en una época electoral como una herramienta de ataque sin límites para intentar desprestigiar la honrosa tarea de las Madres y de los demás Organismos, como así también para agredir al Gobierno que desde la gestión de Néstor Kirchner y la de Cristina Fernández decidió hacer política de Estado la lucha histórica de los Organismos de Derechos Humanos. Pero también sabemos que esas políticas cuentan con un apoyo popular que es indestructible.Sabemos que el pueblo nos acompaña y que más de treinta años de historia, lucha y compromiso nos respaldan.

Firmas: Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, H.I.J.O.S.- Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio

sábado, 11 de junio de 2011

Vienen por los pañuelos II






Roberto Caballero


Cierto kirchnerismo entusiasta, que creía que octubre era apenas el nombre de una estación en el viaje al éxito asegurado, puede ir percatándose de que enfrente no tiene al Ejército de Salvación, sino a una formidable maquinaria de creación de opinión pública que hará lo imposible para impedirlo. El impacto mediático del Caso Schoklender y sus múltiples derivaciones aún no se reflejan en las encuestas, pero suponer que será inocuo es de un optimismo casi infantil. Tanto Clarín como La Nación, los dos diarios que instalaron las inconsistencias patrimoniales del ex apoderado de Madres de modo cartelizado como tema excluyente de la agenda comunicativa, han dejado en evidencia a través de sus editorialistas habituales, ya sin eufemismos disimulados bajo ropaje periodístico, lo que desde esta columna se dijo hace diez días: van por los pañuelos. Si al principio hablaban morbosamente del ex parricida que estafó a las Madres, en esta segunda etapa de su ofensiva ya sugieren que Hebe de Bonafini, que vive en una casa más humilde que las que su Fundación construye en Sueños Compartidos, formó parte de la oscura operatoria, acompañando el enfoque con fotos de la misma Hebe vestida de Brujita, disfraz al que calificaron de “diabólico”, en lo que fue un viejo festejo de cumpleaños reflejado, incluso, por la prensa de Madres, hace tres años. Nada importa para estos diarios. Pueden mentir y manipular. El objetivo es dañar el capital simbólico de la lucha por los Derechos Humanos que encarnan los pañuelos, porque son esos mismos pañuelos los que sostuvieron con su pelea inclaudicable de décadas las políticas de Memoria, Verdad y Justicia que finalmente sentaron en el banquillo de los acusados a Ernestina Herrera de Noble, Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre, sus propietarios y accionistas, por el ADN de Felipe y Marcela y el despojo accionario de Papel Prensa en complicidad con la dictadura genocida, de la que estos dos diarios fueron oficialistas y beneficiarios concretos. Si la justicia de la democracia fuera menos lenta cuando se trata de investigar a los verdaderos poderosos de la Argentina, es posible que su suerte fuera la misma que la de José Alfredo Martínez de Hoz, hoy con prisión domiciliaria. Pero no: están en libertad e influyen, a través de sus más de 200 licencias telecomunicacionales y sus diarios, sobre el discurso público, premiando o castigando con sus titulares a los diversos actores políticos, judiciales y sociales. Cada vez que echan una palada más de tierra a los organismos de Derechos Humanos, ellos se garantizan impunidad. Se puede coincidir con Jorge Lanata en que el daño que Sergio Schoklender le hizo a Hebe es enorme. Pero la intencionalidad última de tanto despliegue mediático también debe ser comentada para respetar el derecho a la información de toda la sociedad. Carlos Pagni, que oficia de Joaquín Morales Solá cuando La Nación pretende ser más filosa, en una crónica de opinión publicada el jueves 9 de junio, puso en palabras el objetivo de sus patrones: “Los desaguisados que rodean a Hebe de Bonafini y su asociación no podrían mortificar más a Cristina. Por un lado, salpican con sospechas de corrupción la política de Derechos Humanos, bajo cuya advocación el gobierno ha justificado sus mayores cruzadas, desde la guerra contra el campo hasta el conflicto con Clarín y La Nación. Era una bandera que no debía mancharse. Por otro lado, la controversia sobre Bonafini cae como un rayo en el que, desde la muerte de Néstor Kirchner, constituye el núcleo político emocional más íntimo de la presidenta. Convertida en viuda, ella se rodeó más que antes de madres e hijos de de-saparecidos”. Algunas aclaraciones: la “guerra contra el campo” no fue otra cosa que la tensión entre el Estado democrático y un sector de la economía rural que quería defender su renta extraordinaria. En la guerra se mata gente: acá sólo se discutió por plata. Es interesante la reescritura histórica de Pagni, su voltereta dramática, pero infiel a los hechos. Lo del “conflicto con Clarín y La Nación”, en realidad, es otra cosa: son dos diarios oligopólicos queriendo desconocer la legalidad democrática, que los cuestiona por sus posiciones dominantes en el mercado y su alianza con la dictadura. Todo esto tiene trámite judicial y, más que “un conflicto”, se trata de un asunto de apego a la ley, que debería ser igual para todos. Pero en esos párrafos, Pagni revela la estrategia de sus patrones, que es herir la política oficial de Memoria, Verdad y Justicia, porque si esta se profundiza en los actores civiles del genocidio, deberán dar algo más que explicaciones. Y, por elevación, golpear también la figura de Cristina Kirchner, que encarna la autoridad estatal legítima, con 7 millones de votos a cuestas, para llevarla adelante. La apelación a lo “emocional” es clave: los patrones de Pagni buscan quebrar esa voluntad y todavía esperan, ansiosos, que Cristina decida abandonar la pelea electoral, afligida por este escándalo y los que se preparan para las semanas siguientes, entre ellos, una remake de los ataques a la gestión estatal de Aerolíneas Argentinas, en manos de Mariano Recalde, hombre de La Cámpora. En realidad no se sabe cuál es el impacto real que tiene todo esto que sucede sobre la decisión presidencial. Sin embargo, sería de necios ignorar los efectos negativos que produce en una porción del kirchnerismo nada desdeñable. Por caso, las declaraciones de Estela de Carlotto a la Radio La Red, de Francisco de Narváez, amplificadas luego por Clarín, son un síntoma del desconcierto que viven los organismos de Derechos Humanos que apoyan las políticas oficiales. En su intento por marcar diferencias con Hebe, Carlotto llegó a la tapa del mismo diario que le niega en tribunales conocer la verdadera identidad de Felipe y Marcela Noble Herrera, presuntos hijos de desaparecidos. Es perverso. También Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y, antes, el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, fueron sorprendidos en su buena fe por los operadores periodísticos del grupo de Magnetto, y salieron a desmentir lo que se les atribuyó, cuando ya había sido usado para el fin que Pagni reveló: manchar los pañuelos. Las diferencias entre los organismos vienen de lejos y son, en algunos casos, irreconciliables. Al tanto de esas internas, que exceden el análisis de esta columna, hay una campaña orientada a exacerbarlas. La división momentánea de aquello que el kirchnerismo unió en la última década es una victoria táctica con final incierto de la derecha nacional y sus expresiones políticas y mediáticas. Los elogios de Eduardo Duhalde y Morales Solá a las Madres Línea Fundadora en contraste con Hebe y sus Madres, son un intento torpe pero eficaz por atizar las viejas rencillas. Y eficaz, porque entre las grietas de todas esas heridas sin sutura cuela por estas horas la mayor ofensiva de los últimos años contra los juicios por el genocidio. Ya no es Schoklender y su inexplicable vida de Ricky Fort, son los pañuelos en general y Cristina Kirchner como presea última, la presidenta que junto a su marido cometió la herejía de convertir los reclamos de estos mismos organismos en políticas de Estado. Graciela Olga de Loof, oyente de Radio Nacional, alarmada y triste por las posibles secuelas de este escándalo, recordó un viejo proverbio africano: “Rebaño que se mantiene unido obliga al león a acostarse con hambre.” Es una paradoja siniestra de la historia que los grupos mediáticos que silenciaron la desaparición de toda una generación de argentinos quieran escribirle hoy el guión a los organismos que surgieron, precisamente, para denunciar sus atrocidades. Será cuestión, entonces, de ponerse a pensar cómo y de qué manera se evita acabar en la barriga de Héctor Magnetto. Antes de que sea demasiado tarde.




Hebe, la compañera.



Ochenta y tres años tiene la compañera, la madre que perdió a dos de sus hijos y a su nuera a manos de la intemperancia política, de los duros, los mesiánicos, los adalides de las asonadas, porque no fue sólo de los militares la dictadura que nos rompió el corazón a todos los argentinos. Hubo otros cómplices que callaron a sabiendas, otros que impulsaron la matanza a favor de oscuros intereses y otros que por inocencia y desinformación ignoraron lo que sucedía, pero los que nunca serán juzgados son aquellos que intuían que algo pasaba y prefirieron quedarse quietos, ignorando los gritos indubitables de los torturados y la agonía de los arrojados al mar, de las embarazadas asesinadas después de su maternidad.

La compañera, junto con otros compañeros y compañeras, salió a la Plaza de Mayo a gritarnos en el rostro que había que unirse para tratar de rescatar a los secuestrados y juzgar a torturadores y asesinos. Esa mujer sencilla, común como mi propia madre, apenas leída y de lengua rápida y popular nos mostró el camino a todos, a los pusilánimes y a los indecisos, a los distraídos y a los inconscientes de toda conciencia ciudadana, humana y solidaria. No tuvo empacho en negar la dádiva del estado: doscientos cincuenta mil dólares por cada hijo asesinado.

Es decir que se negó a recibir 750.000 dólares, si incluimos a su nuera, porque consideraba que con la sangre derramada no se negociaba, otros no pudieron resistir la tentación, pero Hebe es así de taxativa con su ideología y su dolor. Esa misma Hebe borró el nombre de los suyos del pañuelo, para indicar que luchaba por los hijos de todos.

Hoy no entiendo la postura de quienes fueron sus compañeros de ruta tanto tiempo y, aunque acepte y comprenda diferencias y desacuerdos que no vale la pena enunciar aquí, debo decir que entre todos, poco tiempo atrás, siempre tratamos de zanjar esas instancias, porque está claro que el camino hacia la verdad es difícil y está plagado de trampas, engaños, zancadillas y somos conscientes de ser falibles, podemos equivocarnos en los análisis y en las propuestas y aprendimos por experiencia a sacar fuerzas en conjunto, para ayudar a esclarecer al equivocado, para levantar al caído y no exponerlo a los buitres, mucho menos aceptar que se lo inculpara gratuitamente, lo que no quiere decir tergiversar, tapar, ocultar sino defender la verdad, sobre todo cuando la acusación pretende poner en tela de juicio la lucha por los derechos humanos en todo su conjunto.

Eso suelen hacer los verdaderos camaradas, los compañeros. Todo ello nos hizo mejores cada día, más sensibles, abiertos, capaces de manejar inteligentemente las pocas oportunidades que brinda esta terrible realidad, el cerrado egoísmo del sistema, para avanzar en el proyecto común, popular y colectivo.

Hoy lamento decir que algo nos pasa, algo doloroso, incomprensible, pero también absolutamente peligroso para todo lo avanzado cuando no defendemos abiertamente, desde organismos similares, a quien sólo trató de seguir los pasos que le marcaba la sangre derramada de sus hijos: ser útil al prójimo, ayudar haciendo casas para los más humildes, hospitales, salas materno-infantiles, escuelas, guarderías y fue, así parece indicarlo todo, claramente estafada en su maravilloso y humanitario intento.

Hebe va a salir airosa de esto porque sencillamente es inocente por amor, por dar segundas oportunidades a quienes evidentemente no lo merecían, por madraza testaruda, por confiada y crédula, su único y criticable error.

Me pregunto si los que se solazan con su equivocación o tratan de ponerse a salvo marcando distancias en lugar de cerrar filas ante el evidente ataque a una institución que es símbolo entrañable de toda una época, podrán sentirse igual de inocentes en el futuro, o por el contrario tendrán que golpearse el pecho arrepentidos desde la vereda de enfrente, que es exactamente donde parecen dirigirse ahora.

Víctor Heredia

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