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jueves, 18 de marzo de 2010

Gracias a la Soja . . .















Gracias a la soja

que me ha dado tanto,

me dio buenos rindes

que no los declaro.

Y el que compra en negro

viene en coche al campo

con su valijita

nos paga al contado,

también se hace cargo

del flete a Rosario.

Gracias a la soja

Cargill y Monsanto

nos dan la semilla

más el glifosato.

Con siembra directa

que suple al arado,

son los “materiales”

para un buen trabajo;

se exprime la tierra

¡Pero más ganamos!

Gracias a la soja

zafamos del Banco,

de los usureros

y de los embargos.

Cuando en los ‘90

siempre laburando

nos fundimos todos,

no hicimos un paro . . .

y hoy que echamos buena

¡qué quilombo armamos!

Gracias a la soja

yo, siendo un escracho,

me he vuelto buen mozo

y amante he encontrado.

Con ella al Caribe

los dos nos rajamos

y hasta sexo tántrico

allá me ha enseñado,

mientras la sojita

trepaba en Chicago.

Gracias a la soja

que me ha dado tanto,

pero este gobierno

ya nos tiene hartos.

Para repartirlo

pretende el Estado

de la grossa torta

llevarse un pedazo,

lo que es nuestro es nuestro

¡Minga se lo damos!

Gracias a la soja

menos laburamos

a lo sumo mucho

dos meses al año,

no como los viejos;

sol a sol y a diario,

mientras que nosotros

en el Bar vagueando,

viendo a los que pasan

camino al trabajo.

Gracias a la soja

y al poroto santo

los pooles de siembra

son los nuevos amos.

Cuando miro el precio

que tiene el Mercado

y tantos “Silos bolsa”

quedo estupefacto,

pero por las dudas

las rutas cortamos.

Gracias a la soja

la vida ha cambiado,

coche y chatas “cero”

estreno cada año

y hasta casa nueva

nos hemos comprado,

nos sobra la plata

y estamos pensando,

nombrarlo patrono

a ese “yuyo” santo.

Gracias a la soooja . . .

¡Gracias Santa Soooja!

Delsio Evar Gamboa

2mil0

Laborde. Cba. Arg.

jueves, 11 de marzo de 2010

EL PATRIOTA DE CORDOBA: LA PRESIDENTA SEXY

EL PATRIOTA DE CORDOBA: LA PRESIDENTA SEXY

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LA PRESIDENTA SEXY







Por Juan Carlos Volnovich (Psicoanalista)

En el momento de jurar como Presidenta de los argentinos, Cristina anticipó que,seguramente, a ella le iba a resultar más trabajosa su función por el hecho de ser mujer. No pudo avizorar, entonces, hasta qué punto la presidencia iba a convertirse en una misión imposible. No sólo por su condición de mujer, No por victimizarse detrás de una identidad devaluada, sino por ser mujer a su manera. Mujer sin atenuantes que ejerce sin atenuantes el Poder. Hay en eso algo más que una cuestión de estilo.

“Mujer sexy en el máximo poder de la Nación” es un problema de estructura. Y tal pareciera ser que esa característica despierta un plus de odio. Se vuelve insoportable. De modo tal que esa ira visceral no se explica sólo como reacción a una política equivocada o respuesta indignada por la desilusión o la defraudación, no se agota en las razones. Lo insoportable se funda en la evidencia de una mujer sexuada que ejerce el Poder sin disimulo: que no apela a los estereotipos maternales que pudieran dulcificar su gestión. En ella, ese amor hacia los hijos no se vuelve virtud pública. Cristina renuncia a una abnegación que bien pudiera aligerarla y, así, tomar distancia de un modelo Bachelet o de un modelo Ángela Merkel, tan protectoras, ellas; tan maternales, tan trajecito sastre, tan antídoto contra la lujuria. Lejos de instalarse en el camino de una reina madre, de una reina virgen, elude ese otro prejuicio patriarcal que supone a las mujeres tontas pero sabias para la intriga y, sobre todo, expertas en el usufructo vicario del poder masculino. No es una Isabelita, ni tampoco una Evita, gorrión del General, que vive sólo para él y por él y que, llegado el caso, renuncia a los honores pero no a su puesto de lucha. Cristina no es una Hillary Clinton frustrada en el momento de dar el gran salto. Tampoco una Margaret Thatcher o una Golda Meier virilizadas por la función y administrando el poder de la misma manera que pudiera hacerlo un hombre. Cristina es una mujer sexualmente atractiva, que tiene hijos y tiene marido. (No un príncipe consorte ni un padrino protector). Y, además, ejerce el Poder Supremo de la Nación y no elude, no seduce, no apela a las “malas artes” femeninas, no se refugia detrás de los varones poderosos y, para colmo, levanta el dedo como Lenin.

Ella ejerce el Poder y nos hace saber en cada momento quién es la que manda mientras genera como respuesta ese interrogante airado de “¿Pero quién se cree que es?” Y no se trata de una creencia ni de un problema ontológico. Ella no es pero sabe muy bien que está en el ejercicio de la Presidencia de la Nación y… nos lo recuerda. De modo tal que no son los enemigos los que cuentan. Después de todo ¿qué político no tiene enemigos, adversarios, contrincantes? Pero esa ira irracional que le hace perder la compostura a la gente “bien”, ese exceso de indignación, ese “no me la banco”, “no lo soporto”, “la detesto”, viene de otra parte. Ese plus de odio habita en aquellos que se sienten agraviados, testigos involuntarios de valores mancillados. Son las consecuencias, inevitables, de una estructura patriarcal resentida en sus cimientos cuando una mujer sexy, no madre, no puta, no macho, nada tonta, se ubica en la punta de una pirámide jerárquica.

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