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martes, 9 de abril de 2013

El día que homenajearon en la Bolsa a una criminal de guerra





Álvaro Vargas Llosa se ubicó cómodo en la tarima que hizo de escenario en el Salón de la Bolsa de Comercio, al lado de su padre, el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, el destinatario central del encuentro. Desde allí, ante ministros y funcionarios provinciales y municipales, empresarios y hombres de negocios, periodistas y allegados que almorzaban, homenajeó en el día de su muerte a la ex primera ministra británica, Margaret Thatcher, a quien consideró un ícono de la libertad. “Tengo el deber moral de decirlo”, dijo el político y periodista. “Que nadie se sienta ofendido”, agregó. No pareció provocar molestia alguna. 
Con traje de liberal, Álvaro Vargas Llosa se dio el gusto de resaltar la figura de una criminal de guerra de Malvinas ante los ministros provinciales Oscar González y Jorge Lawson, el viceintendente Marcelo Cossar, el anfitrión presidente de la Bolsa, Horacio Parga, entre tantos hombres y mujeres con responsabilidades públicas. Todos callaron.
Esta cronista insinuó un abucheo de repudio que decayó apenas nació, víctima de la indiferencia colectiva. ¿A nadie le dolió que un político peruano radicado en Wa-
shington homenajeara en Córdoba a la mujer que dio la orden de hundir el Crucero General Belgrano, el 2 de abril de 1982, pese a que está documentado que el barco estaba afuera de la zona de exclusión de la guerra? ¿Alguien se indignó por los 323 soldados y tripulantes que murieron ahogados en el Atlántico Sur porque el submarino nuclear Conqueror, enviado por Thatcher, torpedeó esa vieja nave que no estaba en combate?
El periodista Miguel Clariá, quien entrevistó “en vivo” a los Vargas Llosa, dijo algo sobre el costado polémico de los invitados, pero el almuerzo siguió adelante: los mozos ya levantaban el plato de la entrada de fiambres y servían la comida caliente. 
Enseguida, la redundante crítica al chavismo y el kirchnerismo, y la pregunta circular por la razón de sus éxitos electorales que el autor de Pantaleón y las Visitadoras desplegó ante sus oyentes, dejaron atrás a Thatcher y sus órdenes de muerte. 

En primera persona
Esta crónica pasa ahora a primera persona, porque me voy a acercar como ciudadana. Mario y Álvaro Vargas Llosa finalizaron la entrevista-charla entre elogios al liberalismo y el libre mercado, críticas a la “latinoamericanización” de los Estados Unidos de Barack Obama (léase intervención del Estado) y dedos acusadores contra el peronismo como la causa de todos los males de la Argentina. Nada fuera de libreto, porque el Premio Nobel es tan reiterativo en política como original y maravilloso en literatura. 
Cuando finalizó, el almuerzo me acerqué al hijo de Vargas Llosa, quien había vuelto a su mesa. Me presenté, me senté. O al revés. Estaba enojada; no quería una nota con él, quería decirle lo que pensaba por sus elogios a la Thatcher, por una impertinencia que rondó la apología del delito. 
Entonces le dije que le había faltado el respeto a la Argentina al homenajear a la criminal de guerra que había ordenado el hundimiento del Belgrano, que estaba segura de que no se hubiera atrevido a hacer algo similar en los Estados Unidos, por ejemplo con Bin Laden , y que me dolía que los representantes del establishment cordobés hubieran callado ante él. 
Político como es (un rato antes su padre había dicho que Álvaro es el político de la familia, y que él había dejado la política porque no le gusta mentir, y los políticos mienten), respondió pausado, respetuoso, componedor. 
Afirmó que para él reconocer a Thatcher era un deber moral, porque había sido una promotora de la libertad; dio explicaciones sobre cómo jugó la “Dama de Hierro” para contrarrestar como líder del Partido Conservador las decisiones económicas del sector Laborista en Gran Bretaña (lo que luego me hizo recordar la película Full Monty y los estragos del thatcherismo).
Aclaró que respetaba mis sentimientos sobre Malvinas, pero que el Gobierno argentino de entonces sabía a qué peligros exponía a sus soldados al declarar la guerra en el Atlántico Sur. ¿Justifica un crimen imprescriptible como fue el hundimiento del Belgrano? ¿Qué libertad defendió Thatcher, la misma libertad que defiende Videla, el dictador argentino, la libertad económica de las empresas?, le pregunté al periodista-político.
Me fui indignada. Qué extraño este liberal, pensé, que no ve contradicción entre libertad y el colonialismo del siglo XX que encarnó Thatcher, y que es capaz de ignorar un crimen de guerra que hubiera llevado a la Thatcher a la Corte de La Haya si no hubiera sido británica. Qué extraños estos compatriotas, pensé también, que acompañaron con el silencio semejante genuflexión. El encuentro, claro, había sido intitulado «La libertad».
 
 
Betina Marengo | bmarengo@lmcordoba.com.ar
 

lunes, 25 de marzo de 2013

ALCURNIA DE SORETES




Te moriste José Alfredo
finalmente te fuiste
como todos los soretes
nadie desfilo sobre tu tumba
nadie acudió a tu entierro
ni flameo una bandera
o una antorcha en tu honor
nadie mas que tu carroña…
que sobre bosta se erigió opresora
devastando las arcas,
las almas, las sonrisas
las esperanzas
el llanto contenido
las noches de lujuria
y miedo
intestina lucha
lograron distraernos
gritar gol como boludos
festejar cualquier pavada
y creernos superiores
e inferiores a la vez…
pero siempre “los mas”
Eso salió de vos
Pura mierda de personas
Argentinos derechos y humanos
Secuestrados
Maniatados obligados a firmar contratos
Cuanta raigambre de asesina sepia
Alcurnia de soretes
cultivados en las pampas
de fértil sangre enriquecida…
sos el fruto del dominio
de la opresión con sangre
despiadados frente a todo
sin tapujo de menosprecio al resto
te cocinaras en tu propio odio
porque ni tu hijo sensato de toda ley
un día zafará de tu designio de malicia
y moriras de nuevo solo
sin poder
y sin gloria
pero por gracia del pueblo
nunca mas sin memoria!

                                                                                               Gabriela Piovano   25_03_13

jueves, 14 de marzo de 2013

LAS ACUSACIONES CONTRA BERGOGLIO SERÍAN FALSAS



               No soy de los que se suman a las comparsas de los dedos acusadores y menos cuando no hay pruebas fechacientes y sólo se invocan supuestas confidencias de gente ya fallecida que por lo tanto no puede rectificarlas.
               No necesito aclarar que no simpatizo ideológicamente con el nuevo Papa ni tampoco me agradaron sus posicionamientos contra algunas políticas del Gobierno Nacional. Pero creo que se estan hablando muchas pavadas sobre su pasado.
                Horacio Verbitszky acostumbra a alzar su índice acusador a diestra y siniestra, a veces con razón y otras sin ella, aunque nunca hizo una autocrítica -que le diera autoridad moral- respecto de su papel en la conducción de Montoneros en la época en que dicha agrupación cometió los peores errores imaginables, que costaron la vida a decenas de compañeros.
                 Pero dejando eso a un lado, parece que en el caso de Bergoglio se equivocó fiero. Ya lo desmintió Adolfo Pérez Esquivel, quien dijo que el nuevo Papa no fue colaboracionista ni delator de la dictadura. Sí cabría reprocharle no haber levantado su voz contra la dictadura, como hicieron De Nevares o Novak, pero hay una gran diferencia entre la falta de valentía para confrontar y la delación.
                Además del testimonio de Pérez Esquivel -persona mucho más seria y creíble que Verbitszky-, he recibido personalmente el de un compañero, militante eclesiástico de base, quien me refirió:
1) que lejos de acusar a Bergoglio de haberlo delatado, Yorio solía referir que a él debía haber salvado su vida;
2) que Bergoglio fue el único sacerdote que acompañó hasta su muerte a un cura enfermo de HIV, lo visitó y atendió asiduamente cuando todos los otros curas lo abandonaron;
3) que Bergoglio concurría regularmente a la villa a hacerles  "el aguante" a los curas villeros, cuando eran reprimidos en la época de Menem y durante una huelga de hambre que emprendieron contra el Gobierno de la Ciudad;
4) que siempre fue un sacerdote con un fuerte compromiso social.
               No sé si todo esto es cierto, pero quien me lo refirió me resultó creíble.
               No comulgo con las ideas de Bergoglio, que es para mí un hombre de derecha, pero no me parece justo que lo acusen sin prueba. Y en todo caso, cabe respetar a cualquier persona que tenga un compromiso social, aunque piense distinto a uno.
               En cuanto a la Iglesia argentina, el rol de buena parte de su jerarquía como corresponsable y cómplice de la dictadura está más que claro. Pero una cosa es la responsabilidad institucional y otra muy distinta las responsabilidades personales de sus integrantes.
               Tal vez si Bergoglio hubiera sido más claro y menos "político", hoy no sufriría estas acusaciones. Pero eso no justifica ensuciar a nadie, y mucho menos por razones ideológicas...
               En cuanto a lo que haga como Papa... no sé, no soy futurólogo...

Javier Garin, abogado de DDHH, cel 155-990-9876.-

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