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lunes, 29 de julio de 2013

David Rockefeller: “Todo lo que necesitamos es una gran crisis”



El magnate en una cena con embajadores de la ONU dijo que “estamos al borde de una transformación global. Todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial”. El magno objetivo de estas sagas de banqueros internacionales lo enunció perfectamente uno de sus máximos exponentes, David Rockefeller: “De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional, que se ha practicado durante siglos en el pasado, por la soberanía de una elite de técnicos y de financieros mundiales”. Si no es doctrina del shock ¿qué es?
David Rockefeller fue el conspirador mundial por excelencia, el Rey de los cenáculos ocultos. A sus órdenes trabajaron los agentes secretos de la CIA, el MI6, el MOSSAD y especialmente la INTERPOL, que es obra suya.
Ningún medio de comunicación masivo se atrevería jamás a desvelar los planes secretos de Rockefeller y sus amigos. Siempre guardaron un sospechoso silencio en torno a las secretas actividades de las dinastías de banqueros norteamericanos: los Morgan, los Davison, los Harriman, los Khun Loeb, los Lazard, los Schiff o los Warburg y, por supuesto, los Rockefeller.
En 1991, en referencia al informe del Centro para el Desarrollo Mundial, David Rockefeller confesó: “estamos agradecidos con el Washington Post, el New York Times, la revista Time, y otras grandes publicaciones cuyos directores han acudido a nuestras reuniones y han respetado sus promesas de discresión (silencio) durante casi 40 años. Hubiera sido imposible para nosotros haber desarrollado nuestro plan para el mundo si hubieramos sido objeto de publicidad durante todos estos años”.
El excéntrico y supuestamente filantrópico David Rockefeller, que tiene ya casi un siglo de vida, es sin duda el personaje más trepidante y controvertido de esta casta de usureros a la que nos referimos. Muy pronto, cuando los diarios anuncien su fallecimiento, tendremos ocasión de conocer su insólita biografía. Descubriremos datos que nos apabullarán.
LA DINASTÍA ROCKEFELLER
El fundador de la dinastía Rockefeller fue el abuelo de David, de nombre John Davison Rockefeller, descendiente de judíos alemanes llegados a EEUU en 1733. Junto con la saga de los Morgan y el grupo bancario Warburg-Lehman-Kuhn&Loeb, constituyó el triunvirato plutocrático del llamado Eastern Establishment. Su imperio económico se gestó durante los años de la Guerra de Secesión (1861-1865) que enfrentó a los terratenientes esclavistas del sur con los comerciantes e industriales del norte y que se saldó con 600.000 muertos.
Los grandes triunfadores de aquella guerra fueron cuatro familias oligárquicas, los Vanderbilt, los Carnegie, los Morgan y los Rockefeller, que se beneficiaron del conflicto como proveedores de bienes y servicios y acrecentaron su imperio económico después con la concentración monopolista que sucedió a la contienda, llegando a controlar en 1880 el 95% de la producción petrolera norteamericana. La fortuna de los Vanderbilt se diluyó con el tiempo, la de los Carnegie fue en parte succionada por los Morgan, y la de los Rockefeller se dispersó entre los muchos y mal avenidos descendientes del viejo John Davison, petrolero y banquero, fundador de la Standard Oil y del Chase National Bank, luego denominado Chase Manhattan Bank, cuya emblemática sede en Nueva York fue el primer edificio construido en Wall Street. El Chase se convirtió en un pilar central en el sistema financiero mundial, siendo el Banco principal de las Naciones Unidas, y llegó a tener 50.000 sucursales repartidas por todo el mundo. Los presidentes del Banco Mundial John J. McCloy, Eugene Black y George Woods trabajaron en el Chase anteriormente. Otro presidente, James D. Wolfensohn, también fue director de la Fundación Rockefeller.
Y DAVID…
David Rockefeller, el más famoso de la saga, es nieto del mítico John Davison Rockefeller e hijo de John D. Rockefeller junior, que se casó con la hija de Nelson Aldrich, líder de la mayoría republicana en el Senado y al que se le conoció como “gerente de la nación”. La madre de David era una enamorada de la pintura y por iniciativa suya se construyó el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, ubicado en la mansión en la que nació David y sus hermanos.
David, el menor de seis hermanos, todos ya fallecidos, tuvo también seis hijos y diez nietos que, junto a los hijos y nietos de sus hermanos, forman el actual clan Rockefeller.
David Rockefeller (Izq.), banquero y petrolero como su padre (Dcha.) y su abuelo, trabajó en los servicios secretos durante la II Guerra Mundial y abrió el camino para la creación de la ONU en 1945, cuya sede principal se encuentra en un terreno donado por él en Nueva York. Se codeó con los principales mandatarios del siglo XX. Dirigió los lobbys más poderosos del mundo, como el CFR, el Club de Bilderberg y la Comisión Trilateral.
Como buenos banqueros sin escrúpulos, los Rockefeller apoyaron y financiaron a los nazis alemanes. Incluso se permitieron reescribir la historia. La Fundación Rockefeller invirtió 139.000 dólares en 1946 para ofrecer una versión oficial de la II Guerra Mundial que ocultaba la realidad acerca del patrocinio de los banqueros internacionales con el régimen nazi, que también obtuvo los favores de su empresa más emblemática: la Standard Oil. Las iniciativas de esta Fundación, que también ha financiado grupos como los Hare Krishna o los rosacruces de AMORC, son a veces sorprendentes.
David es hermano del que fuera Senador, Gobernador de Nueva York y vicepresidente de EEUU (con Gerald Ford, tras la dimisión de Nixon) Nelson Rockefeller, que heredó de su abuelo materno la vocación política.
En 1962 Nelson declaró: “los temas de actualidad exigen a gritos un Nuevo Orden Mundial, porque el antiguo se derrumba, y un nuevo orden libre lucha por emerger a la luz… Antes de que podamos darnos cuenta, se habrán establecido las bases de la estructura federal para un mundo libre”.
David Rockefeller, al que el presidente Carter le ofreció dirigir la Reserva Federal (declinó a favor de su amigo Volcker), se rodeó de lugartenientes tan poderosos como Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski, Lord Carrington y Etienne Davignon, que también merecen ser citados aquí.
Abraham ben Elazar, más conocido como Henry Kissinger, es considerado como uno de los cerebros del Nuevo Orden Mundial. De origen judío-alemán, empezó como asesor de Nelson Rockefeller en los años 50, ostentó altas responsabilidades en la Administración en los años 60 y 70, con Kennedy, Jhonson, Nixon y Ford. Llegó a ser secretario personal de Nixon, Jefe del Consejo Nacional de Seguridad y del Departamento de Estado, y Ministro de Asuntos Exteriores en repetidas ocasiones.
Colaboró estrechamente con David Rockefeller en el elitista Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), del que fue presidente. Del CFR han salido desde entonces todos los presidentes de los Estados Unidos excepto Ronald Regan, cuyo equipo estuvo formado mayoritariamente por miembros del CFR. También pertenece a la Comisión Trilateral, el Club de Bilderberg y otras organizaciones de la órbita Rockefeller. Su compañía de consulting Kissinger Associates, tiene como clientes a Estados deudores y a multinacionales acreedoras.
El polaco Zbigniew Brzezinski, casado con una sobrina del que fuera Presidente de la República Checoslovaca Eduard Benes, fue reclutado por Rockefeller en 1971. Llegó a ser Consejero de Seguridad Nacional del gobierno de los Estados Unidos durante la Administración Carter, pero ya con anterioridad había sido nombrado director de la Comisión Trilateral, a la que él mismo definió como “el conjunto de potencias financieras e intelectuales mayor que el mundo haya conocido nunca”.
Afirma que: “la sociedad será dominada por una elite de personas libres de valores tradicionales que no dudarán en realizar sus objetivos mediante técnicas depuradas con las que influirán en el comportamiento del pueblo y controlarán con todo detalle a la sociedad, hasta el punto que llegará a ser posible ejercer una vigilancia casi permanente sobre cada uno de los ciudadanos del planeta”. En otro momento dijo: “esta elite buscará todos los medios para lograr sus fines políticos tales como las nuevas técnicas para influenciar el comportamiento de las masas, así como para lograr el control y la sumisión de la sociedad”. Ni siquiera George Orwell, autor de la terrorífica novela “1984”, lo hubiera expresado mejor.
En una entrevista publicada por el New York Times el 1 de agosto de 1976, Brzezinski afirmaba que “en nuestros días, el Estado-nación ha dejado de jugar su papel”. En cierta ocasión pronosticó “el ocaso de las ideologías y de las creencias religiosas tradicionales”.
Brzezinski es especialista en métodos de control social, sus ensayos publicados dibujan un horizonte orwelliano en el que el Gran Hermano vigila y controla permanentemente a cada individuo. Predijo la existencia de gigantes bases de datos donde se almacenan ingentes cantidades de información sobre cada ciudadano (como la que tienen los servicios de inteligencia españoles en El Escorial, Madrid), la instalación masiva de cámaras de vigilancia en las calles y edificios (que ya es un hecho en todas las ciudades del mundo), la generalización de satélites espía de increíble precisión (como los que usan las tropas de EEUU desde la Guerra del Golfo) y la puesta en funcionamiento de documentos de identidad electrónicos (como lo son los modernos pasaportes y carnés de identidad, que contienen un microchip con abundante información del propietario).
La fascinación de Brzezinski por la tecnología aplicada al control social encaja perfectamente con los planes de la elite plutocrática, que ya ha desarrollado nuevos y espeluznantes artilugios, como el microchip subcutáneo con localizador que pretenden hacer obligatorio para toda la población mundial y que sustituiría, unificándolos, a los actuales carnés de identidad, pasaportes, tarjetas de crédito, carnés de conducir, tarjetas de la Seguridad Social, etc., posibilitando la desaparición del dinero físico.

Otro invento terrible que ya nos tiene preparado la elite ha sido diseñado por la compañía estadounidense Nielsen Media Research en colaboración con el Centro de Investigación David Sarnoff (organismo controlado por el CFR y la Sociedad Pilgrims). Se trata de un dispositivo que, una vez instalado en el televisor, permite observar e identificar desde una estación de seguimiento a los espectadores sentados frente a la pequeña pantalla. Este dispositivo evoca “el ojo que todo lo ve”, el Horus egipcio que aparece en los billetes de dólar. El “ojo que todo lo ve” no es sólo un recurso literario en la novela de Orwell 1984. Ya existen millones de cámaras instaladas en carreteras, calles, empresas y locales públicos, y millones de webcam en hogares de todo el mundo. Sin contar con los modernos sistemas operativos del monopolio Microsoft, como el Windows Media, que rastrea sin cesar todos nuestros movimientos a través de la red y permite leer nuestros correos privados de Outlook, el estado de nuestras cuentas corrientes cuando accedemos a la web de nuestro Banco, las palabras clave que utilizamos en los buscadores como Google y el contenido de las páginas que visitamos en Internet.
Lord Carrington, cuyo verdadero nombre es Peter Rupert, fue ministro británico en sucesivos gobiernos, miembro destacado del RIIA (el equivalente al CFR en Gran Bretaña) y de la Sociedad Fabiana, Secretario general de la OTAN, directivo del Barclays Bank y del Hambros Bank y, a partir de 1989, presidente del siniestro Club de Bilderberg.
El cuarto lugarteniente Rockefeller y Secretario General del Club de Bilderberg es el vizconde Etienne Davignon. Su currículum lo dice todo: presidente y fundador de la European Round Table (Mesa Redonda de Industriales, lobby de las multinacionales europeas), ex vicepresidente de la Comisión Europea, miembro de la Trilateral y del Center for European Policy Studies, ministro belga de Exteriores, presidente de la Asociación para la Unión Monetaria en Europa, primer presidente de la Agencia Internacional de Energía, presidente de la Société Générale de Belgique, presidente de Airholding, vicepresidente de Suez-Tractebel, administrador de Kissinger Associates, Fortis, Accor, Fiat, BASF, Solvay, Gilead, Anglo-american Mining, entre otras corporaciones.
 *Extracto del libro GOBIERNO MUNDIAL, de Esteban Cabal

martes, 9 de abril de 2013

El día que homenajearon en la Bolsa a una criminal de guerra





Álvaro Vargas Llosa se ubicó cómodo en la tarima que hizo de escenario en el Salón de la Bolsa de Comercio, al lado de su padre, el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, el destinatario central del encuentro. Desde allí, ante ministros y funcionarios provinciales y municipales, empresarios y hombres de negocios, periodistas y allegados que almorzaban, homenajeó en el día de su muerte a la ex primera ministra británica, Margaret Thatcher, a quien consideró un ícono de la libertad. “Tengo el deber moral de decirlo”, dijo el político y periodista. “Que nadie se sienta ofendido”, agregó. No pareció provocar molestia alguna. 
Con traje de liberal, Álvaro Vargas Llosa se dio el gusto de resaltar la figura de una criminal de guerra de Malvinas ante los ministros provinciales Oscar González y Jorge Lawson, el viceintendente Marcelo Cossar, el anfitrión presidente de la Bolsa, Horacio Parga, entre tantos hombres y mujeres con responsabilidades públicas. Todos callaron.
Esta cronista insinuó un abucheo de repudio que decayó apenas nació, víctima de la indiferencia colectiva. ¿A nadie le dolió que un político peruano radicado en Wa-
shington homenajeara en Córdoba a la mujer que dio la orden de hundir el Crucero General Belgrano, el 2 de abril de 1982, pese a que está documentado que el barco estaba afuera de la zona de exclusión de la guerra? ¿Alguien se indignó por los 323 soldados y tripulantes que murieron ahogados en el Atlántico Sur porque el submarino nuclear Conqueror, enviado por Thatcher, torpedeó esa vieja nave que no estaba en combate?
El periodista Miguel Clariá, quien entrevistó “en vivo” a los Vargas Llosa, dijo algo sobre el costado polémico de los invitados, pero el almuerzo siguió adelante: los mozos ya levantaban el plato de la entrada de fiambres y servían la comida caliente. 
Enseguida, la redundante crítica al chavismo y el kirchnerismo, y la pregunta circular por la razón de sus éxitos electorales que el autor de Pantaleón y las Visitadoras desplegó ante sus oyentes, dejaron atrás a Thatcher y sus órdenes de muerte. 

En primera persona
Esta crónica pasa ahora a primera persona, porque me voy a acercar como ciudadana. Mario y Álvaro Vargas Llosa finalizaron la entrevista-charla entre elogios al liberalismo y el libre mercado, críticas a la “latinoamericanización” de los Estados Unidos de Barack Obama (léase intervención del Estado) y dedos acusadores contra el peronismo como la causa de todos los males de la Argentina. Nada fuera de libreto, porque el Premio Nobel es tan reiterativo en política como original y maravilloso en literatura. 
Cuando finalizó, el almuerzo me acerqué al hijo de Vargas Llosa, quien había vuelto a su mesa. Me presenté, me senté. O al revés. Estaba enojada; no quería una nota con él, quería decirle lo que pensaba por sus elogios a la Thatcher, por una impertinencia que rondó la apología del delito. 
Entonces le dije que le había faltado el respeto a la Argentina al homenajear a la criminal de guerra que había ordenado el hundimiento del Belgrano, que estaba segura de que no se hubiera atrevido a hacer algo similar en los Estados Unidos, por ejemplo con Bin Laden , y que me dolía que los representantes del establishment cordobés hubieran callado ante él. 
Político como es (un rato antes su padre había dicho que Álvaro es el político de la familia, y que él había dejado la política porque no le gusta mentir, y los políticos mienten), respondió pausado, respetuoso, componedor. 
Afirmó que para él reconocer a Thatcher era un deber moral, porque había sido una promotora de la libertad; dio explicaciones sobre cómo jugó la “Dama de Hierro” para contrarrestar como líder del Partido Conservador las decisiones económicas del sector Laborista en Gran Bretaña (lo que luego me hizo recordar la película Full Monty y los estragos del thatcherismo).
Aclaró que respetaba mis sentimientos sobre Malvinas, pero que el Gobierno argentino de entonces sabía a qué peligros exponía a sus soldados al declarar la guerra en el Atlántico Sur. ¿Justifica un crimen imprescriptible como fue el hundimiento del Belgrano? ¿Qué libertad defendió Thatcher, la misma libertad que defiende Videla, el dictador argentino, la libertad económica de las empresas?, le pregunté al periodista-político.
Me fui indignada. Qué extraño este liberal, pensé, que no ve contradicción entre libertad y el colonialismo del siglo XX que encarnó Thatcher, y que es capaz de ignorar un crimen de guerra que hubiera llevado a la Thatcher a la Corte de La Haya si no hubiera sido británica. Qué extraños estos compatriotas, pensé también, que acompañaron con el silencio semejante genuflexión. El encuentro, claro, había sido intitulado «La libertad».
 
 
Betina Marengo | bmarengo@lmcordoba.com.ar
 

lunes, 25 de marzo de 2013

ALCURNIA DE SORETES




Te moriste José Alfredo
finalmente te fuiste
como todos los soretes
nadie desfilo sobre tu tumba
nadie acudió a tu entierro
ni flameo una bandera
o una antorcha en tu honor
nadie mas que tu carroña…
que sobre bosta se erigió opresora
devastando las arcas,
las almas, las sonrisas
las esperanzas
el llanto contenido
las noches de lujuria
y miedo
intestina lucha
lograron distraernos
gritar gol como boludos
festejar cualquier pavada
y creernos superiores
e inferiores a la vez…
pero siempre “los mas”
Eso salió de vos
Pura mierda de personas
Argentinos derechos y humanos
Secuestrados
Maniatados obligados a firmar contratos
Cuanta raigambre de asesina sepia
Alcurnia de soretes
cultivados en las pampas
de fértil sangre enriquecida…
sos el fruto del dominio
de la opresión con sangre
despiadados frente a todo
sin tapujo de menosprecio al resto
te cocinaras en tu propio odio
porque ni tu hijo sensato de toda ley
un día zafará de tu designio de malicia
y moriras de nuevo solo
sin poder
y sin gloria
pero por gracia del pueblo
nunca mas sin memoria!

                                                                                               Gabriela Piovano   25_03_13

Octavio Getino habla sobre la Ley de medios

SOY LA MIERDA OFICIALISTA

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