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martes, 19 de enero de 2010

La dimensión real de la sublevación conservadora




Para tener una dimensión objetiva y actualizada de la sublevación conspirativa de Martín Redrado, bastaría con recordar que empezó con un gran despliegue de apoyo político y mediático y termina como está terminando, con el solitario y grotesco acompañamiento de Raúl Castells y sus huestes.

“De la gloria a Devoto”, como dice el refrán popular.

Las propias declaraciones del ex presidente del Banco Central autoreferenciándose como un hombre duro, resaltando que es “más fuerte de lo que parece”, expresan un desorden de identidad personal severo, antes que un auto de fe republicano.

La oposición que lo acompañó en su motín usurpador, particularmente Julio Cobos y otros dirigentes políticos, con el sostén delivery de la jueza Sarmiento, según la calificó la Presidenta, volvió a mostrarse como un rejuntado de bárbaros arremetiendo contra la fortaleza del gobierno, con un empuje inicial brioso y estridente para desgajarse a medida que transcurrían los días, con deserciones y peleas intestinas entre la UCR, Carrió, Macri, la progresía aliada y el pejotismo disidente.

Todos contra todos.

Está en la naturaleza de los opositores amigarse y pelearse al mismo tiempo, según la fiereza de las dentelladas que lanzan contra el gobierno y de paso, contra los intereses de la sociedad.

Si a esta situación le agregamos el levantamiento del embargo por parte del juez Griesa de los EE.UU.y el aislamiento casi total de Redrado en el Directorio del BCRA, se hace nítida la franca debilidad política de la conspiración.

Su permanencia sólo es comprensible por el entramado de poder que estuvo y está moviéndose en estos días alrededor de la asonada antidemocrática.

No habrá que bajar la guardia más allá del probable desenlace final y aunque este episodio ponga de manifiesto que la iniciativa política continúa favoreciendo al frente gobernante hoy en la Argentina; la oposición sólo tira manotazos al aire y retrocede hasta la retaguardia del poder real.

Es decir, retrocede hasta el poder del monopolio mediático y sus ramificaciones en la justicia, en el Parlamento, en la política.

Repasemos. Fue la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner la que impulsó el Fondo del Bicentenario en la voluntad de garantizar el frente externo y a la vez, impulsar las inversiones necesarias para seguir sosteniendo un camino de crecimiento sostenible.

Y fue la oposición la que se colgó del fondillo de los pantalones de Martín Redrado, como lo hiciera antes con Julio Cobos, para resistir y quebrar la defensa y profundización del modelo de desarrollo inclusivo.

Es tan débil la oposición en términos de responsabilidad institucional y de creatividad e imaginación política, que su principal signo de vitalidad se expresa por sumar a sus filas los restos que abandona el oficialismo en su travesía de cambios.

¿O acaso Cobos y Redrado no representan parte de esos restos?

Ante la embestida conservadora, el gobierno mantuvo templanza y firmeza en su proceder. Y esta actitud del oficialismo es la que perturba a los analistas que responden a los centros de poder y confunde a más de un intelectual prestigioso del sistema dominante en el último cuarto de siglo.

Es el caso de Guillermo O’Donnell, que en su despliegue académico por Clarín y por TN, enrostró “autoritarismo” al proyecto político liderado por Cristina y Néstor Kirchner, olvidando groseramente la actual profundización de la democracia a niveles que no conocíamos, posibilitada por las medidas contundentes tomadas en el plano social.

La Asignación Universal por Hijo es a la pobreza y a la indigencia lo que la ley de Medios de Comunicación es al estigma del mismo monopolio mediático que promocionó con bombos y platillos la palabra del afamado politólogo.

La democracia se “crispa” cada vez que gobierna un elenco que expresa genuinamente un proyecto de país.

Cuando no es así y las gestiones gubernamentales se fagocitan y suceden a sí mismas como variaciones en fa menor, en una misma nota del pentagrama, todo conflicto se desvanece pronto y en consecuencia, habría “clima de negocios” y seríamos felices y los que pueden, comerían perdices y los que no, se embromarían.

La gestión de gobierno instalada el 25 de Mayo de 2003 con Néstor Kirchner y continuada por Cristina desde fines del 2007, está expresando una irrupción novedosa en la democracia argentina que rompe con la siesta acomodaticia de todos los factores implicados en esta etapa, toda vez que: 1) expresa un proyecto y un modelo de país inspirado en la historia nacional y popular; 2) no acepta el dominio de las presuntas formas republicanas sobre el contenido del proyecto de sociedad inclusiva que expresa; 3) muestra plasticidad, flexibilidad y madurez para enfrentar situaciones complejas, pero sin renunciar a la esencia del proyecto que representa.

Rompe los códigos de la “buena conducta” o lo “políticamente correcto” como usualmente se dice.

Creemos que son útiles y necesarias estas consideraciones políticas y conceptuales para intentar explicarnos las diversas y controvertidas conductas que están puestas de manifiesto en la coyuntura.

No hay posicionamientos sin historia ni raíces. Todo se remite al subsuelo de algún relato histórico. Aunque, incluso, no lo sepan los mismos protagonistas.

En la semana que termina es posible advertir el agotamiento precoz de la embestida conservadora. Y es nuevamente ratificada la inconmovible voluntad de sostener contra viento y marea el modelo gobernante por parte de sus actores principales. Empezando por la Presidenta y siguiendo por sus huestes en el Congreso de la Nación.

El tejerazo legislativo de la oposición y el relato conservador pierden consistencia aceleradamente; ello no ocurre por gracia propia ni por impericia.

La razón quizá está en que hay un relato de la realidad objetiva, con aciertos y errores, que está descorriendo todos los anacrónicos cortinados de antiguas sumisiones para continuar profundizando la democracia de los argentinos.

Jorge Giles. Miradas al Sur. 17 de enero de 2010

1 comentario:

Chabon Piola dijo...

Realmente bueno y sesudo el analisis , impecable claridad conceptual .
Da gusto leer.

Octavio Getino habla sobre la Ley de medios

SOY LA MIERDA OFICIALISTA

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