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domingo, 27 de septiembre de 2009

Conferencia en el Edificio Libertador



Primero me llamó Jorge Bernetti. Me dijo que “la Ministra” (que es Nilda Garré) tenía interés en que conociera al general Hugo Bruera y arreglara con él la posibilidad de dar una conferencia en el Edificio Libertador. Le dije la novedad a un par de amigos y me preguntaron si les estaba tomando el pelo. Dije que no. Que era así: que existía un general que quería hablar conmigo y hasta me propondría dar una conferencia en ese edificio imponente, lleno de mármoles y severas figuras de militares de la patria. Después llamó el general Hugo Bruera. Llamó él, no llamó una secretaria. Hecho asombroso en el mundo del poder. Dos días después bajo de un taxi frente al Edificio Libertador. Que –por decirlo con la mayor cortesía– no es un lugar que me traiga buenos recuerdos. No me trae ninguno: jamás entré ahí. Pero a lo largo de mi vida escuché frases temibles como: “Hay inquietudes en el Edificio Libertador”. “Los altos mandos

de las Fuerzas Armadas se reunieron en el Edificio Libertador y manifestaron su profundo descontento con la política del gobierno”. Al poco tiempo, marchitas militares en la radio y toda la gente corriendo al almacén a comprar fideos. Hasta 1976: ahí, los fideos habrían de enfriarse en la mesa, solitarios y finales.

Apenas bajo del taxi veo que me está esperando un coronel con una amplia sonrisa y una chica –que trabaja en prensa– muy joven, bonita, amable y hasta alegre, feliz. De muy buen humor. Subimos la gran escalinata, entramos y estoy ahora en un hall imponente. Son los grandes espacios del poder. Uno tiene que sentirse pequeño en ellos. Conmigo lo consiguen. Toda esa imponencia me puede. “¿Qué hago aquí? Nunca pensé entrar aquí. Y ahora estoy tan optimista que hasta creo que también voy a salir.” Tomamos un ascensor. La alegre señorita hace unos chistes que yo contesto. El coronel tiene una cara de buena persona que lo hace arrepentir a uno de sus prejuicios. “Civilacho prejuicioso”, me digo. “¿De dónde sacaste que los militares no pueden ser buenos?” Sé que alguien responderá: de 200 años de historia argentina. Yo, mientras estoy en ese ascensor, no me respondo eso. Estoy abierto. Si uno acepta ir a un lugar al que lo han

invitado tiene al menos que estar dispuesto a encontrar algo distinto a lo que antes había, porque antes no lo invitaban. Por suerte. Porque no sólo no lo invitaban, lo pasaban a buscar de modo –por decirlo así– brusco e inesperado.

Entramos en el despacho del general Bruera. Alguien trae un café. El general tiene una sonrisa amplia, agradable, unos bigotazos amarronados, y al rato advierto que ha leído muchos de mis libros y siguen mis esfuerzos de los domingos por comprender algo del peronismo. En la reunión está Jorge Luis Bernetti, que se ocupa de la prensa de la institución y de las publicaciones. Con Jorge nos conocemos desde hará unos 35 años. Los dos sabemos que jamás pensamos cruzarnos donde ahora estamos, pero también creemos que si se puede hacer algo en un terreno en que uno nunca lo ha hecho, hay que hacerlo. La Ministra no está. El general Bruera me dice que dialoga mucho con ella y que ella le enseñó muchas cosas, que es una gran persona. Me dice también: “Vea, profesor, si mañana un ejército de otra nación nos invade ahí estará el Ejército argentino para defender la nación. Pero nunca más saldremos a resolver asuntos internos”. Le pregunto si

leyó mi nota sobre Lanusse. Me dice que fue ella la que lo decidió a convocarme. “Además, profesor, usted es un referente en nuestra cultura y queremos oír lo que tenga para decirnos.” Lo miro de reojo a Bernetti que se encoge de hombros como si dijera: “Y será así nomás, viejo. Bancátela”. Seguimos hablando. Le digo que, en efecto, fueron utilizados por fracciones internas y que eso deslució el papel del Ejército. Que el Ejército no está para actuar como policía interna sino para la tarea de la Defensa Nacional. Concuerda conmigo. Al rato me dice que le gusta cantar. Le digo que a mí también. Que hace diez años –cuando volví a dar clases– tomé lecciones de manejo de la voz y canto. Que todavía practico. El coronel le dice al general por qué no me hace escuchar alguno de sus temas. “El general ha grabado un CD.” Ahora estamos escuchando el CD del general. Canta unos tangos hermosos con una voz finita y muy bien

colocada. Tiene cercanías –o sugiere tenerlas– con Agustín Magaldi. Se lo digo. “No es para tanto, profesor”, dice, casi sonrojado. Me acompaña hasta la misma puerta del auto que habrá de llevarme a mi casa. Que me va a confirmar el día y la hora de la conferencia, dice. Nos despedimos.

Una semana después, junto con el general, el coronel y Jorge Luis Bernetti, me encamino hacia el salón en que habré de dar mi conferencia. El salón se llama “Julio Argentino Roca”. Pienso: “Con Bayer, aquí se pudría todo”. Entramos. El salón está lleno de uniformes. Son todos oficiales de alta graduación. De 40 años para arriba. El general Bruera me presenta. Pero se ve que no es lo que mejor sabe hacer. De modo que corta de golpe y resuelve diciendo: “En fin, ustedes lo conocen”. Le he contado esto a un par de amigos y, en este punto, dicen: “Sí, y todavía no sabemos cómo se nos escapó”. Gente mal pensada, llena de prejuicios, poco abierta al futuro. O, acaso, sensiblemente abierta al pasado.

Los oficiales serán alrededor de cincuenta. Me aplauden. Y me ubico en una mesa grande, muy grande. Con un micrófono de esos que solían poner incómoda a Cristina Fernández: de dos patitas curvas y dos bolitas en la punta de cada una de ellas. El sillón en que me siento es impresionante. (Después me dirán que es el sillón del jefe del Ejército, que en él se sentaron Lanusse y Videla.) Hablo exactamente una hora y cuarenta y cinco minutos. Mi abordaje es sencillo, pero (creo) apropiado. Digo que este país –a partir de su gran libro fundacional– fue concebido desde el antagonismo irresoluble de la civilización y la barbarie. Que, sin embargo, ese antagonismo estaba superado en el mismo libro que lo planteó. “Porque el Facundo sarmientino es, entre muchas otras cosas, una historia de amor. El amor, el encantamiento de Sarmiento por el protagonista de su obra, Juan Facundo Quiroga.” Nadie escribió sobre Quiroga como él. Tanto lo

inspiró que produjo una obra inmortal que, a su vez, inmortalizó a su protagonista. Para Sarmiento, hombre de la civilización, de las luces de la razón occidental, de la elite ilustrada, Facundo era el Otro, lo absolutamente Otro. Era la barbarie, lo inintegrable. Sin embargo, es sobre él que escribe. No sobre Paz. Ni sobre Rivadavia. Ni sobre Lavalle. Ni sobre Moreno. Escribe sobre el bárbaro caudillo del bosque de pelo. Sabe que es la “figura más americana de la revolución”. De Santos Pérez, el “gaucho malo”, que habrá de matarlo en Barranca Yaco dice que podría haber sido como él, pero, con sus vicios, “sólo llegó a ser su asesino”. Sarmiento advierte –en los mejores momentos de su libro– que Quiroga es una parte de él, que él necesita esa parte, que esa parte lo completa. Sin ella es un argentino a medias. Luego les hablo del Poema conjetural de Borges y les cuento cómo Narciso de Laprida, que proclamó la

independencia de “estas crueles provincias”, siente en su garganta el “íntimo cuchillo” del gaucho de la montonera del fraile Félix Aldao que lo ultima. Que al sentir ese cuchillo, íntimo, siente que se une a su destino sudamericano. Que él, un hombre de cánones, de dogmas y latines, no estaba completo. Que ahora, cuando la barbarie se le une, cuando se le une en su muerte, la cifra de su vida encuentra su perfección que acaso soñó Dios desde el comienzo. Ese adjetivo, íntimo, remarcó, es quizá el más perfecto y el más imprescindible de los tantos que escribió Borges, muchas veces innecesariamente. Que estos dos grandes escritores, pertenecientes a la elite, descubrieron que el país era una totalidad. Era la civilización y era la barbarie. Hoy está lejos de ser esa totalidad. El único sistema que ha quedado en pie del catastrófico siglo XX ha sido el capitalista. Yo no adhiero al capitalismo porque es un sistema cuyo axioma

esencial es la desigualdad. Pero han fracasado los socialismos que intentaron ser su superación. Ahora tenemos al capitalismo. Pero, pese a tener en su esencia consagrada la desigualdad, no por eso es el sistema de la exclusión y del hambre. Que nunca hubo tantos seres humanos hambreados en la historia de la humanidad. Debemos luchar contra la exclusión. Porque la desigualdad se transformó en la expulsión de la dignidad de la sociedad civil de millones de seres que antes tenían trabajo. Porque antes había un capitalismo de la producción y (desde el noventa, con el triunfo del neoliberalismo) hay un capitalismo que hace sus grandes negocios con el dinero. La clase obrera ha desaparecido. Porque no hay fábricas. Porque no hay producción. Al desaparecer la clase obrera, aquel que antes era un digno trabajador se ha visto arrastrado a la delincuencia. Me animo a llegar a fondo y les digo: “Señores, la delincuencia es, en la Argentina y en casi

toda América, el nuevo y triste rostro de la antigua clase obrera”. No podemos permitir un país así. Sarmiento soñó con un país para todos. Hasta a Quiroga lo inmortalizó de tanto quererlo, de tanto admirarlo, de tanto necesitar su grandeza histórica para hacer su gran libro. “Por último, me voy a permitir pedirles que nunca más ensucien sus armas poniéndolas al servicio de los intereses de los poderosos. Lanusse le dijo a Videla: ‘¿Cómo vamos a educar a nuestros oficiales si ven a sus compañeros y hasta a sus superiores salir todas las noches con capuchas, como delincuentes?’ Videla no lo escuchó, lo puso bajo arresto. Pero Lanusse defendía la pureza de un Ejército que amaba y al que no quería ver enlodado en las bajas tareas de la clandestinidad. También quiero agradecerles que el año pasado, en el conflicto entre el Gobierno y el llamado ‘campo’, no hayan cedido a las presiones que habrán soportado. Sólo un tanque en

la calle les faltaba a los golpistas. Lo tenían todo. Los medios exaltados. La clase media furiosa. Lo oligarquía rural en un inédito estado de beligerancia. No tenían, seguramente, el apoyo de Estados Unidos. Y tampoco tuvieron el de ustedes. Gracias en nombre de la democracia argentina. Que no sea posible un país igualitario no significa que las desigualdades condenen a tantos argentinos a la desesperación. Un país para todos, en el que todos trabajen dignamente, coman, se vistan, aprendan. Un país en el que los niños estudien y no se desmayen por hambre en las aulas. Nadie sabe si es posible. Pero debemos saber que es necesario.” Aplaudieron impecablemente. Pero, durante toda la conferencia, permanecieron impertérritos, hasta diría: inconmovibles. Se me acercó el general Bruera y me dio un abrazo. A Bernetti se lo veía muy feliz. Me dieron una pequeña medalla. Y luego Bruera me dijo: “Profesor, ahora tenemos que salir. Porque hasta

que usted no salga ellos no se van a mover de sus asientos”. Salí y aproveché para saludarlos con gentiles movimientos de cabeza que respondieron. Llegué a mi casa y puse a un costado de mi escritorio la medalla que me dieron. Jamás pensé tener algo así. Bernetti me llamó al día siguiente y me dijo que todo había salido formidable. Es posible. A mí me habría gustado ver algún gesto en esos rostros. Sólo dos, en el costado izquierdo, asintieron un par de veces. El resto, nada. Y ésa fue mi conferencia en el Edificio Libertador de las Fuerzas Armadas argentinas. Ojalá haya servido para algo. Creería que sí. Que acaso aún falte tiempo para que los militares puedan escuchar a un civil y aceptar que ese civil quiere tanto a la patria como ellos y está también dispuesto a defenderla. Desde otras posiciones, por supuesto.

Por José Pablo Feinmann

jueves, 24 de septiembre de 2009

“La pobreza descendió”

Por Claudio Comari *

La medición de la pobreza por el método de la “línea de pobreza” o “método del ingreso” fue adoptada por la Argentina como estadística oficial en los primeros años de la década del ’90 y, como todo producto social, es hija de su época. Se trata de comparar los ingresos monetarios de los hogares con los ingresos estimados requeridos para la satisfacción de ciertas necesidades “básicas”, calculadas según requerimientos calóricos (para la fijación de la línea de indigencia) y de un adicional para cubrir requerimientos básicos de vivienda, transporte, esparcimiento, etc., para la línea de pobreza. Esto implica que no se identifican necesidades no satisfechas sino que se asume que los hogares cuyos ingresos son inferiores a las correspondientes líneas, pueden ser caracterizados como pobres o como pobres indigentes.

Esto conlleva que los bienes y servicios que pudiera recibir la población no intervienen en el cálculo, es decir que si los niños reciben alimentos en las escuelas o los trabajadores en sus empresas, la pobreza no desciende y, a la inversa, si se suprimen beneficios, ello no incrementa la pobreza. Técnicamente, si se suprimieran la educación y la salud pública, la pobreza no crecería según este método. Subyace el concepto de que el bienestar material se reduce a la medición de la capacidad de compra en el mercado de bienes y servicios.

Dado que aún no se ha adoptado una nueva metodología, el Indec continúa publicando una estimación de incidencia de pobreza e indigencia según los criterios brevemente expuestos arriba.

Sin ser novedoso, una andanada de notas periodísticas y declaraciones de “expertos” ponen en tela de juicio los datos publicados el 22 de septiembre sobre incidencia de pobreza e indigencia. En todos los casos se reconoce como cierto que la pobreza descendió entre 2003 y 2006, pero afirman que ese proceso se revirtió a partir de 2007.

El razonamiento de base supone que el incremento de los ingresos de los hogares ha sido inferior al incremento del costo de las “canastas básicas”, pero además, que a lo largo del tiempo se mantiene inalterada la cantidad de personas que perciben ingresos. Apelando a distintos registros administrativos del Estado Nacional, podemos ver que la información sobre la incidencia de pobreza e indigencia producida por el Indec es totalmente consistente.

En el siguiente cuadro se observa la evolución del número de aportantes (puestos de trabajo registrados) inscriptos en la AFIP (puestos de trabajo registrados), del Salario Mínimo Vital y Móvil vigente a diciembre de cada año, y la Remuneración Promedio de los Asalariados del Sector Privado registrados a partir del SIJP. La información proviene de las páginas web del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y de la AFIP.

Es fácil ver que durante 2007 y 2008 se mantiene la tendencia a la suba en cuanto a los puestos de trabajo, con un crecimiento de 1.048.626 (+ 14,4%) respecto de 2006.

En cuanto al Salario Mínimo, el incremento del período alcanza el 55% del valor vigente a fines de 2006, mientras que la remuneración promedio de los asalariados sube $ 870 en los dos años, alcanzando un crecimiento del 55,4%.

Para que creciera la incidencia de pobreza en el bienio 2007-2008 debería haberse mantenido constante la cantidad de puestos de trabajo y registrarse un incremento del valor de las canastas de alrededor del 28% anual. Vale recordar que entre enero de 2002 y enero del 2003 –período de la más profunda crisis económica– el IPC creció 29,6%.

Los datos de AFIP del 1er. semestre de 2009 indican que los puestos de trabajo registrados experimentaron incrementos interanuales en el 1º y 2º trimestre del año, que la remuneración promedio bruta en el sector público alcanzó los $ 3581 (+21% respecto al 2º trimestre de 2008) y en el sector privado llegó a $ 2948 (+25,2 % respecto al 2º trimestre del año pasado).

El otro fenómeno que suele pasarse por alto en las notas periodísticas y declaraciones de “expertos” es el relacionado al comportamiento del sector pasivo, que presentamos a continuación.

La jubilación mínima aumenta $ 200 de diciembre de 2006 a diciembre de 2008 (+ 46,8%), mientras que la remuneración media de jubilados y pensionados se incrementa en $ 265 (+ 44,5%). Sin embargo, lo más significativo es el crecimiento del número de perceptores, que sobrepasa el millón y medio de personas (1.640.558), lo que significa un incremento del 49,2%.

Aunque no están disponibles estos datos para el 1er semestre de 2009, se puede afirmar que continuó el incremento de los ingresos del sector, ya que la percepción mínima alcanzó los $ 770, se puso en marcha el sistema de ajuste de haberes previsto por la Ley Nº 26.417 de movilidad jubilatoria, que alcanzó a más de 5.421.000 jubilados y pensionados nacionales, lo cual habla de la continuidad de la ampliación de preceptores de ingresos.

La masa total de haberes de jubilados y pensionados obtenida como producto entre el número de beneficiarios y el haber promedio (por la combinación del crecimiento de montos y preceptores) más que duplica las transferencias de ingresos por este concepto en 2007 y 2008.

Aunque no nos extenderemos sobre ello, cabe destacar que simultáneamente se ha registrado en el período un importante crecimiento del número de personas que reciben asistencia a través de distintos programas sociales, como el Plan Familias y otros.

De manera tal que el descenso de la incidencia de pobreza e indigencia es totalmente consistente con la evolución del total de jubilados y pensionados, de los trabajadores registrados, con el crecimiento del conjunto de las remuneraciones mínimas y promedios de los activos y los pasivos. Todo ello reflejado en los informes de la AFIP, el Ministerio de Trabajo y la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. En otras palabras, ninguno de los indicadores básicos de empleo y remuneraciones agregados contradicen lo informado por el Indec.

Afirmar que en este contexto económico, con crecimiento de perceptores y percepciones, la tendencia es opuesta, sólo puede ser atribuible a la superficialidad de los análisis, la escasez de elementos técnicos o a la mala fe.

En las afirmaciones de los diversos “expertos” que opinaron en los medios sobre la materia se podrán encontrar las diferentes combinaciones de estos tres elementos.

* Director de la Encuesta Permanente de Hogares, Indec.


Dic. 2003 Dic. 2004 Dic. 2005 Dic. 2006 Dic. 2007 Dic. 2008
Jubilados y pensionados 3.155.171 3.105.713 3.109.908 3.333.947 4.460.351 4.974.505
Jubilación Mínima $ 220.0 $ 308.0 $ 390.0 $ 470.0 $ 596.2 $ 690.0
Haber Medio de Jubilados y Pens. $ 387,0 $ 463,6 $ 522,4 $ 595,3 $ 733,7 $ 860,4


2003 2004 2005 2006 2007 2008
Aportantes AFIP 5.193.221 5.970.355 6.676.144 7.268.508 7.865.095 8.317.134
Salario Mínimo Vital y Móvil $ 300 $ 450 $ 630 $ 800 $ 980 $ 1240
Remuneración Prom. Asalariados Priv. Reg. $ 964 1106 $ 1291 $ 1570 $ 1903 $ 2440

jueves, 17 de septiembre de 2009

LO POPULAR (para celebrar la ley S.C.A.)


LO POPULAR

“Alguna vez, alguien que sea dueño de fuerzas geniales, tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América, para, recién entonces poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos.

“Esta pobre América que tenía su cultura y que estaba realizando tal vez en dorado fracaso, su propia historia, y a la que de pronto, iluminados almirantes, reyes ecuménicos, sabios cardenales, duros guerreros y empecinados catequistas ordenaron: ¡Cambia tu piel, viste esa ropa, ama a este Dios, danza esta música, vive esta historia!

“Nuestra pobre América que comenzó a correr en una pista desconocida, detrás de metas ajenas y cargando quince siglos de desventajas.

“Nuestra pobre América, que comenzó a tallar el cuerpo de Cristo cuando ya miles y miles de manos afiebradas por el arte y por la fe, habían perfeccionado la tarea en experiencias luminosas.

“Nuestra pobre América, que comenzó a rezar cuando ya eran prehistoria los viejos testamentos y cuando los evangelios ya habían escrito su mensaje; cuando Homero había enhebrado su largo rosario de versos, y cuando el Dante había cumplido su divino viaje...

“Nuestra pobre América a la que parecía no corresponderle otro destino que el de la imitación irredenta (...) “¿Para qué nuestra música, nuestros dioses, nuestras telas, nuestra ciencia, nuestro vino?

“Todo lo que cruzaba el mar era mejor y, cuando no teníamos salvación, apareció lo popular para salvarnos.

“Instituto del pueblo, creación del pueblo, tenacidad del pueblo.

“Lo popular no comparó lo malo con lo bueno. Hacía lo malo y cuando lo hacía, creaba el gusto necesario como para no rechazar su propia factura y, ciegamente, inconscientemente, estoicamente, prestó su aceptación a lo que venía de sí mismo y su repudio heroico a lo que venía desde lejos.

“Mientras tanto lo antipopular, es decir lo oculto, es decir lo perfecto rechazando todo lo propio y aceptando todo lo ajeno, trababa esa esperanza de ser, que es el destino triunfador de América.

“Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre argentino, me he impuesto la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, todo lo que llega al pueblo, todo lo que escucha el pueblo”

HOMERO MANZI (...quien eligió hacer letras para los hombres en lugar de ser "un hombre de letras").

.- LA CREDIBILIDAD DE LA PRENSA EN EE.UU. CAYÓ AL NIVEL MÁS BAJO DE LOS ÚLTIMOS AÑOS.


La credibilidad de los medios de comunicación estadounidenses ha caído al nivel más bajo de las últimas dos décadas, afirmó The Pew Research Center for the People & Press de Estados Unidos en un estudio de opinión.
El organismo destacó, como resultado de una encuesta realizada por teléfono entre 1.506 adultos a nivel nacional, que 2 de cada 3 estadounidenses creen que las historias que leen, ven y escuchan en los medios carecen, a menudo, de rigor y precisión. El 29% piensa que los medios presentan los hechos correctamente, mientras que el 63% dice que las noticias suelen ser inexactas, agregó este organismo reconocido por su carácter independiente y sus constantes análisis de opinión. Las cifras actuales contrastan con las que arrojó el primer estudio del Pew Research Center sobre el desempeño de los medios de comunicación (1985), donde el 55% de los encuestados dijo que las noticias eran consideradas exactas, en tanto que el 34% las calificó de inexactas. La encuesta actual, divulgada esta semana, indica que casi las tres cuartas partes (74%) de los entrevistados afirma que los medios de comunicación tienden a favorecer a una de las partes en el tratamiento de las cuestiones políticas y sociales, mientras que sólo el 18% dice que tratan de forma justa a todas las partes. En el 2007, los que pensaban que la prensa se inclinaba hacia una de las partes sumaban el 66 % y en 1985 el 53%, señaló. Junto con ello, el informe indicó que cayó a sus mínimos históricos el porcentaje de los estadounidenses que cree que las organizaciones noticiosas son independientes de los poderosos o de las grandes corporaciones (20%) y el de los que piensan que los medios están dispuestos a admitir sus errores (21%). Respecto a la cobertura de la actividad presidencial, 6 de cada 10 estadounidenses (62%) dice que los medios de comunicación son justos con la administración de Barak Obama, mientras que el 23% considera que son injustos. De ellos, casi tres cuartas partes de los republicanos (73%) dice que la cobertura de la administración es justa, porcentaje que se reduce entre los demócratas (54%) y los independientes (67%). The Pew Research Center recordó que, históricamente, los miembros del partido que controla la Casa Blanca han sido menos propensos a ver la cobertura de la administración como justa. En noviembre del 2005, por ejemplo, el 50% de la población dijo que la cobertura de George W. Bush era justa. Mientras que cerca de dos tercios de los demócratas (68%) consideraba la cobertura como justa, apenas un cuarto de los republicanos (25%) estuvo de acuerdo. La encuesta señaló que la televisión sigue siendo la fuente de información más popular: el 71% de los encuestados dijo que se entera de noticias nacionales e internacionales a través de ese medio. Le siguen Internet (42%), los periódicos (33%) y la radio (21%), según los encuestados, quienes pudieron optar por más de una fuente. Estos datos mantienen la tendencia registrada en diciembre pasado, cuando por primera vez un sondeo de la institución verificó que más gente se había informado de noticias nacionales e internacionales a través de internet que mediante los periódicos tradicionales. En donde los diarios mantienen su ventaja por encima de internet es en las noticias locales: el 41% prefiere como fuente informativa a los primeros, mientras que sólo el 17 % busca ese tipo de noticias en línea. Pese a las críticas que se desprenden del sondeo, la mayoría de los estadounidenses (59%) calificó a los medios de comunicación como "muy profesionales". La cifra, no obstante, muestra una baja sensible respecto al 2007 y a 1985, cuando la prensa era vista como muy profesional por el 66% y el 72%, respectivamente.-


miércoles, 16 de septiembre de 2009

LO QUE SE PUEDE Y LO QUE NO






Se puede criticar al gobierno, a la presidenta, a los funcionarios, a los jueces, a los empresarios, a los sindicalistas y hasta al Papa, porque eso es libertad de expresión.

No se puede cuestionar un artículo, una nota, un editorial, a un periodista o la orientación de un medio de comunicación, porque eso es censura.

Se puede mostrar a personas desnudas en el cine, en teatro, en televisión e Internet, aunque sean de menores de edad y esté penado por las leyes, o vaya en contra de sus derechos.

No se puede mostrar el rostro del principal ejecutivo del Grupo Clarín, porque eso es un ataque a la libertad de prensa, abusando de una persona enferma.

Se puede conocer el patrimonio de los funcionarios públicos, desde la Presidenta para abajo, accediendo por Internet a sus declaraciones juradas.

No se puede conocer en detalle quienes son los verdaderos propietarios de algunos medios de comunicación, o cuánto ganan mensualmente algunos periodistas estrella de la radio y la televisión que pontifican sobre la honestidad, la ética y la transparencia.

Se puede conocer en cuanto se han enriquecido los funcionarios públicos durante el ejercicio de sus funciones, analizar si lo han hecho en forma ilícita a partir de sus ingresos declarados, y hasta llevarlos a juicio si se presume que lo han hecho en forma ilícita.

No se puede saber a ciencia cierta cuánto dinero facturan los grandes grupos económicos que dominan el negocio de la comunicación, si pagan regularmente los (pocos) impuestos que les corresponden, y si han declarado al fisco todos sus activos en el exterior.

Se puede echar sombra sobre la honestidad de los legisladores que votan de un determinado modo en el Congreso, si el sentido de su voto (aunque haya sido negativo) favorece la sanción de una iniciativa promovida por el gobierno.

No se puede ni siquiera dudar en público o por escrito de los motivos que convencieron a los legisladores de votar la ley de protección de empresas culturales, que salvó de la quiebra a un connotado grupo de multimedios, o a un presidente de disponer por decreto la pesificación de deudas en dólares que licuó los pasivos de ése mismo grupo.

Se puede conocer en detalle la lista de los periodistas perseguidos, secuestrados, torturados, desaparecidos o muertos por la última dictadura militar.

No se puede conocer la lista de los periodistas que durante años obtuvieron el beneficio de gozar de jugosos sobresueldos pagados con fondos reservados de la SIDE, para elogiar al gobierno de turno, u ocultar sus errores y corruptelas.

Se puede intentar la búsqueda de la verdad histórica y la justicia por los horrores de la dictadura, venciendo todo tipo de obstáculos, y permitir que más de cien chicos conozcan su verdadera identidad.

No se puede saber a ciencia cierta si los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble son o no hijos de desaparecidos ilegítimamente apropiados.

Se puede conocer hasta el más mínimo detalle de las quejas y reclamos al gobierno de la Mesa de Enlace, la UIA, la Unión Industrial, los bancos o cualquier otro grupo de presión, incluso hasta de origen sindical según quien sea el que lo formule, porque son legítimas demandas de la sociedad.

No se puede saber en qué condiciones trabajan los empleados de los medios de comunicación, si sus patrones respetan las leyes laborales, si han sido justamente despedidos cuando lo son, si se les pagan las indemnizaciones o se les otorgan aumentos de sueldo o los reclaman, porque ninguna información sobre eso circula en los medios de comunicación.

Se pueden invocar todos los pactos y tratados internacionales de derechos humanos para defender nuestros derechos, incorporarlos a la Constitución Nacional para darles más valor y, en base a ellos, derribar las leyes que construyeron un muro de impunidad para los crímenes de la dictadura.

No se puede aplicar, invocar, legislar ni reglamentar el derecho de réplica que esos mismos pactos consagran, porque es considerado atentatorio de la libertad de expresión.

Se puede investigar a fondo como una empresa, un negocio o un servicio son privatizados o concedidos, o vuelven a la órbita del Estado, quienes y en qué condiciones los compraron o vendieron, cuanto pagaron o les pagaron por hacerlo.

No se puede saber con detalle en que condiciones los dos principales diarios del país obtuvieron de la dictadura el control monopólico de la mayor proveedora de papel para impresión del país, y en que condiciones lo venden al resto de los diarios aprovechando esa condición dominante.

Se pueden utilizar los medios para insultar, agredir, descalificar, injuriar, mentir, ocultar, extorsionar, operar para obtener una medida del gobierno o para impedirla, todo claro está adornado con el bello nombre de la libertad de prensa.

No se puede usar la palabra Clarín en un blog.

Se puede cuestionar, discutir, debatir y poner en tela de juicio todas y cada una de las decisiones de éste gobierno y de todos los anteriores y los que lo sucederán, criticando su oportunidad, su acierto, sus intenciones, sus contenidos y sus resultados.

No se puede discutir, en democracia y por el Congreso, una ley que reglamente el funcionamiento de los medios de comunicación audiovisual, porque es un intento despótico de controlar al periodismo independiente.

Viendo todo lo que se puede y lo que no se puede hacer me pregunto: ¿por qué razón siguen llamando al periodismo, la prensa o los medios de comunicación "el cuarto poder"?

(por Raúl Degrossi)

domingo, 13 de septiembre de 2009

SOCIEDAD ACCIDENTES LABORALES Y ENFERMEDADES PROFESIONALES EN ELCAMPO SANTAFESINO



Tragedias de tierra adentro

Uno de los datos más sobresalientes es que entre el 60 y el 70 por ciento de la población trabajadora rural, se desempeña en las más variadas condiciones de no registro y fraude laboral. Esto también contribuye a la altísima tasa de accidentes fatales en el rubro. La otra cara del campo argentino, lejos de las rutas y adentro del potrero.

Por Alicia Simeoni

Con 9 muertes registradas en lo que va de 2009 que se encuadran como casos de accidentes y enfermedades profesionales en el sector rural de la provincia de Santa Fe, este número supera a los que corresponden al rubro de la construcción y, en proporción, a los que ocurren en las áreas urbanas en general. Sin embargo nadie se entera de las muertes de los peones y trabajadores rurales, en general las tragedias no trascienden, no son reflejadas por los medios de comunicación, según plantea el ingeniero Carlos Vaca, director de Salud y Seguridad en el Trabajo, un instancia dependiente del ministerio provincial a cargo de Carlos Rodríguez que fue creada seis meses atrás. Precarización, silenciamiento de las muertes absolutamente previsibles y una instancia que se repite: muchos de los peones son blanqueados cuando tuvieron un accidente fatal. Entre el 60 y el 70 por ciento de la población trabajadora rural se desempeña en las más variadas condiciones de no registro y fraude laboral. Con jornadas horarias muy extensas y un comienzo muy temprano en cuanto a edad laboral "es uno de los medios donde el trabajo infantil es muy utilizado, los peones rurales se ven expuestos a peligros inaceptables en la era de la computación "Si se puede detectar qué cantidad de nitrógeno o de fósforo necesita un suelo, no es posible que falte un chip que avise cuando se está por rozar una línea aérea de tensión". O que un trabajador muera por asfixia dentro de un silo con granos al que cayó.

También las maquinarias agrícolas salen al mercado sin las condiciones de seguridad necesarias y ni qué hablar de los agroquímicos, cuyos profundos efectos no están suficientemente estudiados ni los médicos laboralistas los tienen muy en cuenta", explica Carlos Vaca.

Convocatoria a una reunión tripartita, desde el Ministerio, para trabajar sobre tantas deficiencias y críticas a la Mesa de Enlace del agro que nunca corta rutas por las muertes de los trabajadores.

Carlos Vaca es ingeniero, nació en Catamarca y trabajó en el medio rural en distintas provincias y también para la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Desde hace 6 meses, cuando se creó la Dirección de Salud y Seguridad en el Trabajo, está en territorio santafesino porque Rodríguez lo convocó para que se haga cargo del espacio. Cuando se le plantea el tema de los datos que surgen de los registros que lleva desde la dirección a su cargo no hace falta hacerle muchas preguntas. Con fluidez desgrana aspectos que hacen a la vida de los obreros rurales y en medio de su discurso suelta alguna crítica hacia la Mesa de Enlace que conforman la Sociedad Rural Argentina, las Confederaciones Rurales de la República Argentina, Coninagro y la Federación Agraria: "Nunca vi que cortaran rutas por cómo se mueren los peones rurales, nunca miran hacia el interior de sus problemas", dice en relación a quienes integran las instituciones. ¿Quién se atrevería a discutir su reflexión, sobre todo cuando un poco más en el tema, señala que tanto en el territorio santafesino como a nivel nacional la media indica que el 60 o el 70 por ciento de los trabajadores están en negro y que es casi una costumbre que a quienes sufren accidentes muy graves "todos prevenibles , se los blanquee en esas circunstancias y cuando a veces ya no viven para ver un recibo de sueldo.

Durante 2009 los casos mortales clasificados por sector económico fueron: 9 en el agro, 5 en comercios y servicios, 6 en la construcción, 3 en la industria y 1 en el rubro otros. Por la situación de registro laboral, de los 9 correspondiente al sector del agro 7 estaban en blanco (no se especifica cuando fueron registrados) y 2 en negro; en comercio, 3 en blanco y 2 en negro y para la construcción esos números fueron, respectivamente de 4 y 2.

Para Vaca hay una primera consideración que corresponde no dejar pasar: "Las muertes en el agro no figuran en la prensa, si se piensa en los trabajadores rurales es como que no tienen significación en el mundo del trabajo ni de los medios de comunicación, ya que habiendo más muertes en el medio rural que en la construcción la gente ni se entera de cada uno de estos casos, mientras que cuando sucede en el ámbito urbano sale en todos los medios del país". Y seguido explica que hay mucha gente que trabaja en el medio rural y no tiene la condición que le corresponde. A partir de ahí pueden resumirse los que aparecen como los dos puntos centrales de la problemática: la situación de precarización y la accidentología, absolutamente evitable. ¿Cómo no van a poder evitarse esas muertes cuando en la era de la computación es posible decir en qué parte del suelo falta fósforo o hay que pulverizar? ¿Cómo no van a poder preverse, entonces,accidentes que tienen que ver con la tecnología"

¿Cuál es la situación de los obreros rurales santafesinos, en las tierras que como siempre se dijo, se tira algo y ya crece?

Lo que nosotros percibimos es que en estas agriculturas de precisión, de cambio de escala e incorporación de la ingeniería genética, cada vez hay menos trabajadores en relación de dependencia, el modelo agrícola que tenemos ocupa menos mano de obra que los modelos históricos. La siembra directa, la incorporación de biotecnología expulsan mano de obra y entre los que quedan trabajando en el medio rural también hay que decir que muchos integran el régimen de tercerización que está instalado. Por eso en la provincia es muy importante la Cámara Nacional de Contratistas Agropecuarios que tiene sede en Casilda. En las extensiones de tierra más grandes ahora se tira direccionadamente, se aplican fertilizantes de la misma manera, pero eso habitualmente no lo hace el dueño del campo sino el contratista rural, con lo cual ese dueño tiene cada vez menos trabajadores directamente a su cargo. ¿Dónde están, entonces, los trabajadores?. Trabajando para las empresas contratistas en un buen porcentaje y, entre quienes tienen campo, los sectores que más ocupan mano de obra son los tamberos "aunque se pueda discutir las características del contrato de trabajo en cuanto a si implica fraude laboral, si es mediero o si es empleado, los sectores hortícolas y quienes componen el campo ganadero. Entre esos trabajadores rurales en relación de dependencia desarrollamos nuestro trabajo desde esta dirección, para atender los procesos en cuanto a la salud, a trabajar por la no enfermedad. Como ya dije, quienes tienen más extensiones de campos son además, quienes más tercerizan.

Usted habla de que existe un sub registro de los accidentes laborales ¿Cómo normalizar ese registro y, cómo evitar los accidentes?

En el caso de los trabajadores rurales, como también sucede con los urbanos, las enfermedades profesionales no existen o tienen un registro menor. En general no se las reconoce. Recordemos que la propia la propia Ley de Contrato de Trabajo no comprende las patologías de columna o espalda, cuando es la enfermedad más esperable del medio rural. Y los accidentes son muy silenciados. Cuando se abre una tranquera y sale alguien accidentado, es porque pasó de castaño oscuro. Nadie sale porque se haya lastimado el dedo, cuando sale ya es grave y suelen ser accidentes mortales.

Vaca describe que el tipo de accidentología que no tiene prensa responde, sin embargo, a causas bastante conocidas. En la provincia de Santa Fe, como en otros lugares, se dan en las plantas de silos con caídas al interior de los mismos y la consiguiente asfixia en el grano. "Es una causa que a esta altura del desarrollo de la cibernética no debería existir", comenta Vaca y también dice que, en general, todos los accidentes son previsibles si uno se dedica al tema. "Yo diría que morir en el interior de un silo, a esta altura, es una antigüedad y una inmoralidad; sin embargo, las muertes siguen. Se podría proponer no entrar al silo y cuando sea muy necesario entrar por arriba, previamente ventear y hacerlo con un arnés, de manera que uno no caiga al interior del grano. En realidad no hay por qué estar entrando al interior del silo cuando hay granos".

Hay otra causa, importante, de accidentes muchas veces mortales en el trabajo rural y es el que tiene que ver con las maquinarias agrícolas, que ni siquiera salen al mercado con todas las condiciones de seguridad porque no existen los controles correspondientes. "Hay que estar en la toma de fuerza que transmite la potencia del tractor hacia la máquina que va en arrastre, eso gira, y hay que tener en cuenta que 100 HP a 540 vueltas por minuto engancha a cualquiera, no hay ninguna posibilidad de salir vivo. Si alguien lo logra, que deje el campo y vaya a trabajar a un circo" dice. Y agrega que "esas son muertes que tenemos en Santa Fe son por falta de cuidados, de medidas de protección, por falta de preparación de los propios peones".

¿Qué se piensa hacer desde el Ministerio de Trabajo y desde la Dirección de Salud y Seguridad a su cargo?

Nuestra propuesta es la de sacar esto a la luz, que se conozca, que se empiece a hablar de los accidentes del campo. Alguna vez "insiste, podrían cortar las rutas por ello. Desde el Ministerio convocamos a una reunión tripartita para el agro, donde vamos a mostrar el análisis e investigación de esos accidentes, vamos a ver que se trata de causas históricas conocidas por todos, los fabricantes de maquinarias, los dueños de los campos, los contratistas rurales. Y entonces, habrá que hablar en serio sobre lo que se puede hacer.

Dejemos de hablar de conductas seguras que tienen que tener los trabajadores. ¿Qué conducta segura puede tener un trabajador, a la noche, sin luz y cortando granos" Es fácil que termine con el dedo cortado. Asumamos las responsabilidades, nosotros la que tenemos como Estado que no hemos salido al campo, lo estamos haciendo en alguna medida pero chocamos con muchas dificultades. No es lo mismo que ir a un taller y si no abren la puerta pedir la fuerza pública. En el campo tenemos que acordar en la tranquera y entrar juntos porque es la forma de solucionar los problemas. Estamos dispuestos a dar capacitación y también a juntar a los fabricantes de maquinarias y decirles: señores, no es posible que ustedes saquen la máquina al mercado con condiciones inseguras. Y lo hacen porque no hay demasiada regulación sobre el tema.

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