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miércoles, 21 de abril de 2010

SOLANAS Y LA “OPERACIÓN MUEBLE” * DEBIERON DETENER AL ESCRITORIO*




Por Horacio Çaró.

Con los mismos argumentos con que el derechista jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri se defendió en los inicios de la investigación por espionaje telefónico, el egocéntrico aspirante a Perón del siglo XXI Fernando Pino Solanas acometió ante decenas de micrófonos para endilgarle al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner haber armado una operación para colocarle un escritorio encima a un asesor de su compañero de bloque Claudio Lozano. El colaborador fue detenido mientras abrazaba, en cuclillas, en una oficina del Ministerio de Economía de la Nación, un portafolio que contenía una lupa y dos linternas. No es el guión de uno de los famosos y ahumados largometrajes de Pino. Es su posición como parlamentario frente a un episodio que explica mejor que una viñeta humorística de diario los alcances de algunas utopías de centroizquierda en la coyuntura política argentina.

¿Qué hacía ese escritorio encima de Roberto Larrosa?, puede pasar a ser uno de los enigmas a resolver por parte del juez federal Claudio Bonadío, a cargo del expediente abierto a causa de la intromisión del asesor de Lozano y de un ignoto senador por Tierra del Fuego, José Martínez.

Es curioso que Solanas se siga preguntando, como un niño de jardín de infantes, por qué los simpatizantes kirchneristas que pululan por Internet aseguran que él y su fuerza son funcionales a la derecha. Un puñado de ejemplos debería persuadirlo para que comprenda tanta inquina.

A Pino no le alcanzó con haber permitido con su voto que la comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados caiga en manos de Ricardo Buryaile, quien antes de ser electo, desde su rol de vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), había propuesto “cerrar el Parlamento” si éste no se acogía a las demandas de los ruralistas como él.

No le alcanzó con permitir al Grupo A que piratee las comisiones de Diputados y Senadores alterando la proporcionalidad de sus integrantes y de las presidencias de las mismas, generando que fuerzas que estuvieron hasta 10 puntos por debajo del kirchnerismo se queden con mayorías y titularidades en esos organismos parlamentarios.

No le bastó haber cuestionado no el canje de deuda –podría pensarse que allí asomó una leve arista progre–, sino la Asignación Universal por Hijo, con argumentos que no difieren mucho de los usados por la derecha que tanto lo incomoda como compañera de ruta, por ejemplo que alienta el clientelismo.

Todas esas funcionalidades que Proyecto Sur le lleva a la derecha en bandeja de plata precisaban este dislate de la “Operación Mueble”, por la que el jefe de Gabinete Aníbal Fernández habrá ordenado esperar a que algún asesor de Lozano aparezca en alguna oficina del Ministerio de Economía y de inmediato se le coloque encima un escritorio, lo cual daría la indisimulable sensación de que se trata de un espía.

“Esto es parte de las metodologías del escrache, de la difamación calumniosa y las campañas en los blogs con cataratas de mentiras sobre los opositores”, bramó Solanas, apuntando a los mostachos de Aníbal Fernández. No se le escuchó una palabra en torno de conocer lo que opina la Justicia, o lo que fallará el magistrado actuante, o lo que declarará Larrosa, quien ya debe haber librado al portafolio de su abrazo pertinaz.

Claudio Lozano tardó casi 96 horas en llamar a conferencia de prensa para decir que Larrosa era conocido por todos en el Ministerio de Economía, algo que los jefes de la KGB decían cada vez que engayolaban a uno de sus agentes en alguna repartición norteamericana, y viceversa. Primero había intentado desligarse del asesor "ad honórem", ahora lo defiende como si fuera su abogado.

Tras esos cuatro días, ninguna de las fuerzas que acompañan a Proyecto Sur se sentó al lado de Solanas, Lozano, Verónica Benas, Victoria Donda o Miguel Bonasso, entre otros, para bancar la teoría de la “Operación Mueble”. Ni la Coalición Cívica, ni el radicalismo, ni el PRO, ni el peronismo disidente acudieron a sostener la teoría de Solanas-Lozano.

En dicha conferencia de prensa se habló más del presunto negociado que existiría en el canje de deuda que de lo que hacía Larrosa en una oficina vacía. Lozano sólo argumentó que la lupa era para ver de cerca.

El senador Martínez no comparte, hasta ahora, la denuncia contra Larrosa, pese a que el que lo contrató como asesor es él. “Esto prueba que el Gobierno se equivocó con Larrosa”, intentó argüir Lozano, sin convencer ni a Solanas, habida cuenta del gesto del ex cineasta.

Cuando el propio nombre de Ciro James causaba la jocosidad de algunos distraídos televidentes, que no se percataban de que ese señor realizaba escuchas telefónicas ilegales desde el ámbito del Estado porteño en sus variantes educativa y de seguridad, Macri dijo que el espía al que su administración le pagaba el sueldo se trataba de un “infiltrado” que el gobierno nacional había plantado en las narices de todos los probos funcionarios PRO. Luego prefirió olvidarse de ese argumento, acaso tomando nota de los consejos del consultor Jaime Durán Barba, su asesor de imagen.

A Solanas le falta decir, como bromeaba una de las mentes brillantes del blog Catanpeist, que Larrosa, el asesor de Lozano detenido en estado de visible agachamiento, “llevaba la lupa para matar hormiguitas, y las linternas tenían pilas de bajo consumo”. A Solanas le falta modestia. A Solanas le falta pronunciarse por el caso de los hijos de la señora Ernestina Herrera de Noble. A Solanas le falta el humo de sus filmes, y eso parece que lo pone de mal humor.

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