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miércoles, 25 de agosto de 2010

CUATRO AÑOS EN EL MONTE CHAQUEÑO




de Jorge Croce, el El Martes, 24de agosto de 2010 a las 11:37

La siguiente es una notaaparecida en Pagina 12 en 2006, una increíble historia de supervivencia durantela dictadura:

A Irmina Kleiner y Remo Vénicalos fue a buscar la represión en 1975. Primero se escondieron con amigos, luegotuvieron que entrar al monte chaqueño. Allí pasaron cuatro años buscados porpatrullas, cazando y viviendo de la solidaridad de los campesinos. En 1979pudieron salir del país, dejando una hija en manos amigas.

Cómo se sobrevive cuatro años enel monte con las patrullas de la dictadura rastrillando cada hectárea? Ese esel secreto que encierra la historia de Irmina Kleiner y Remo Vénica, dos militantesde las Ligas Agrarias que entre 1975 y 1979 se ocultaron a través de laespesura chaqueña, donde tuvieron dos hijos, y viajaron a pie hacia el norte deSanta Fe. Allí finalmente pudieron escapar del país con documentos falsos. Losmilitares enviaron cerca de 400 soldados y policías en su búsqueda, pero no losencontraron. Su escape fue recobrado en el libro Monte madre, de Jorge Miceli,un ex preso político de la dictadura que hoy es periodista y titiritero.Mientras Miceli mueve los hilos de su obra, que se presentó recientemente enSanta Fe, Página/12 dialogó con los protagonistas, que lograron quebrar elcerco de la dictadura.

–¿Se conocieron a través de lamilitancia?

Remo Vénica: Sí, en los añossetenta yo estaba encargado de la región nordeste del país del Movimiento Ruralde Acción Católica. Por julio de 1969, me tocó ir a dar un curso decapacitación a jóvenes campesinos de Misiones. E Irmina participó de ese curso.Fue la primera etapa de organización, donde éramos fundamentalmente jóvenes.

Irmina Kleimer: Después de quenos conocimos con Remo, entablamos una amistad cada vez más profunda: hablamoshoras y horas, y nos seguimos escribiendo cartas durante años...

–...y finalmente, se casaron.

I. K.: Nos casamos en abril de1973 y al regreso pasamos por Buenos Aires y participamos de la asunción deCámpora y de esas inolvidables movilizaciones. Fue la primera vez que vimosalgo de esa magnitud. Lo vivimos con muchísima esperanza y alegría.

R. V.: Fuimos a Devoto a lamadrugada y presenciamos el momento en el que los detenidos salían y sereincorporaban al pueblo. Ya teníamos compañeros del Movimiento Rural queestaban presos y los vimos salir.

–¿Allí empezó el trabajo con lossindicatos de hacheros?

I. K.: Yo estaba trabajando conlos hacheros, obreros rurales y pequeños campesinos, cuando decidimos casarnos.Remo se vino al Chaco conmigo.

R. V.: Como estábamos dentro delMovimiento Rural, coordinamos los movimientos campesinos: las Ligas AgrariasChaqueñas, el Movimiento Agrario de Misiones, la Unión de Ligas CampesinasFormoseñas y Correntinas. En esa época era todo militancia. Inclusocompartíamos nuestros recursos: yo trabajaba como mecánico y ella trabajaba enuna cooperativa de seguros. El resto del día era militar con el sindicato delos hacheros, organizar cooperativas de trabajo en las tierras fiscales.Nuestra casa era la sede del sindicato, un lugar de hospedaje de la gentehumilde. En eso estábamos cuando vino nuestra decisión de escapar.

–¿Por qué resolvieron esconderseen 1975?

R. V.: El trabajo de la Triple Aya era bastante fuerte. Un compañero, que tenía a cargo una escuela rural, vinoperseguido. Salió a distribuir volantes de las Ligas Agrarias con mi auto. Loagarraron a él y nos hicieron un cerco para detenernos. Nos avisó un compañeroy, con lo puesto, comenzamos nuestras peripecias. Uno ya veía venir elchaparrón, la tormenta de la dictadura, pero no con la intensidad con la quefue.

–¿Qué edad tenían?

R. V.: Irmina tenía 22 y yo, 32.

–¿Cómo tomaron la decisión de ira vivir al monte?

I. K.: Fueron etapas progresivas.Nosotros somos de familias de campo y es el medio en el que nos sabemos mover.Ante una situación difícil, lo primero que se nos ocurre es irnos al campo.¡Qué nos vamos a quedar en Sáenz Peña! Primero nos refugiamos en las casas delas familias y después decidimos ir al monte.

–Al principio, iban de rancho enrancho...

R. V.: Vamos a las casas depequeños campesinos y hacheros donde compartíamos todo. Eran muy humildes, peromuy solidarios con lo poco que tenían. Hicimos distintos trabajos: en lahuerta, cultivo de tomate, cosecha de algodón, Irmina hacía prendas de vestir yles enseñaba a los gurises que estaban ahí. Cuando aparecía alguna persona noconocida, los hacheros nos daban el aviso y nos retirábamos a otra zona. En unlugar llegamos a estar casi un año, porque era un fortín: estaba controlado porvecinos en todo el perímetro.

I. K.: Después vino el golpemilitar, que irrumpió con una metodología masiva, feroz, terrorífica.Secuestraban a la gente, que volvía muy deteriorada. Los paseaban por loscampos para mostrarlos a los demás. Y eso generó una situación de muchísimomiedo y angustia.

–Era una forma de decirles:"Esto les va a pasar a los que los ayuden".

R. V.: Claro. Además sedistribuían por avión volantes sobre los "buscados". Las radiosconvocaban permanentemente: "Denúncienlos, son diabólicos, matan chicos,son cambiantes y escurridizos". No llegamos a saber si hubo recompensa.

I. K.: En ese momento tomamos ladecisión –por seguridad de las familias y la nuestra también– de que teníamosque irnos al monte. Nos internamos en los montes de la zona central del Chaco,que era la más poblada. Nunca hemos estado aislados de la población. Ellospensaban que nos habíamos ido al Impenetrable. Pero no...

R. V.: También creyeron que lagente nos iba a denunciar. Pero teníamos una trayectoria de trabajo social, nosconocían, tomaban mate, conversaban con nosotros. En algunas ocasiones, nos loshemos cruzado en el monte y nos han ayudado con comida.

–¿Cómo sobrevivieron durantecuatro años?

R. V.: Con la solidaridad de lapoblación. Visitábamos familias a altas horas de la noche, mateábamos junto alfogón y al retirarnos nos daban grasa, harina, yerba, fideos, polenta,alpargatas y hilo para coser. Y veces, también carne. El mate nos acompañó todoel monte.

–¿Qué llevaban encima de zona enzona?

R. V.: Teníamos plásticos, quecuando había mal tiempo lo armábamos como carpa. Y bolsa de dormir. Juntamoslatitas de dulce de batata para platos o sartén. Teníamos armas, porque si nosencontraban, nos mataban. Un hachero nos había entregado un Winchester viejoque no funcionaba. Le hice las piezas, las correderas, las hice cementar concarbón de leña molido. Y le armé una culata de lujo, porque era un corazón deGuayaibí, que pulí y le puse cera de miel de Rubiecita, una avispa del Chaco.

–¿Cómo era un día de su vida enel descampado?

R. V.: Siempre por la mañanahacíamos ejercicio. Nos servía para sobrellevar lo que ocurría. Nos sirviómucho la relación con la naturaleza: desde la observación de los árboles, delos pájaros. Me impresiona todavía cómo uno percibía los ruidos desde muchadistancia. Uno no termina nunca de ver esa interacción de seres vivos queactúan en esos lugares hermosos, donde habitan tantos animales. Ahí nosotroséramos un animal más, sentados en el fogón, conversando, debatiendo sobre elfuturo.

I. K.: Después del mate de lamañana, comentábamos las pocas noticias que podíamos escuchar por una pequeñaradio a la BBC o la Deutsche Welle. Tratábamos de ir interpretando lo quesucedía afuera. Tomábamos notas en un cuaderno. Como estábamos en un grupo decuatro, algunos "salían al monte". Nos causaba gracia, porqueestábamos en el monte, pero al lugar donde estábamos lo veíamos como nuestracasa. Buscábamos encontrar alguna fruta o cazar algo. Fue todo un aprendizajemoverse dentro del monte sin hacer ruido y sin perderse.

–¿Qué cazaban, por ejemplo?

I. K.: Buscábamos rastros dealgún guasuncho –que es como un venado–, algún tatú, una perdiz del monte. Lohacíamos esporádicamente cuando teníamos necesidad. Tratábamos de no utilizarlas armas de fuego, sino de cazarlos de otra manera. Armamos lazos para losguasunchos, por ejemplo.

R. V.: Con el tatú, se hacía elfogón –con madera que no hacía humo–, se ponía con el cuero hacia abajo y laspatitas hacia arriba y le poníamos brasas debajo. Era espectacular, porquequedaba como al horno.

–¿Cómo se enteraron de que Irminaestaba embarazada?

I. K.: El embarazo se produjocuando estábamos en el monte. Se cruzaron muchos sentimientos: era una granalegría, pero las circunstancias no eran nada favorables. Sin embargo, había queafrontarlo. Como era el primer embarazo, necesitaba evacuar dudas. Los mismoscampesinos nos dijeron que había una partera en la zona. No la conocíamos, perorecurrimos a ella. La partera no quería que lo tuviera en su casa, por eso nosexplicó cómo tenía que ir ayudando Remo. Cuando vimos que el parto lo teníamosque afrontar nosotros en el monte, hicimos una habitación subterránea, dondetodo el techo se volvió a poner con palos de madera dura. Y tierra encima. Erafundamentalmente para nuestra protección y para aislar los llantos del bebé. Nosabíamos qué circunstancias se iban a presentar cuando iba a nacer. Pareceimposible que se pudiera sobrellevar, pero nosotros lo hicimos con ciertanaturalidad. De parte mía, hubo un convencimiento y una fortaleza. Caminabamucho, hacía todos los ejercicios...

R. V.: Si conseguía algún huesitode un hachero, era para ella.

–Y finalmente nació Marita, suprimera hija, que estuvo con ustedes 45 días. ¿Cómo tomaron la decisión dedejarla con una familia?

I. K.: Nos parecía imposiblecriar una bebé en el monte. Pasábamos situaciones de lluvia y de fríopermanentemente. Además, estaban los traslados. Y se nos planteaba laposibilidad de un encontronazo con los militares. ¿Cómo afrontarlo con unacriatura? Nos parecía una irresponsabilidad de nuestra parte tener al bebé connosotros. Por eso buscamos una familia para que nos la criara hasta que pasaseel terror.

R. V.: Era tal el miedo quemuchos no la aceptaron. Finalmente, la adoptó la familia de la partera. El esposonos dijo: "Que sea lo que Dios quiera y yo la tomo como hija". Estematrimonio fue encontrado por los militares, torturado, y pasó seis años en lacárcel. A nuestra hija la usaron como publicidad: hacían hablar una bebé comosi fuera nuestra hija para que nos entregáramos. Se enteró el obispo deReconquista, que les avisó a nuestros familiares y la recuperaron.

–¿En ese momento les tendieronuna emboscada a ustedes?

R. V.: Nosotros pasamos cerca dellugar donde estaba nuestra hija y nos ubicaron en el monte. Ahí yo logréescapar, pero pensé que a ella la habían matado...

I. K.: Yo escuché que alguiencaminaba y, debajo del árbol donde estaba subida para cazar un guasuncho, vipasar personas. Cuando atiné a agarrar el bolsito que tenía a mano, me gritaron"¡Alto!" y dispararon. Salí corriendo y en ese momento no me acertaronningún disparo. Después me quedé como jugando a las escondidas dentro delmonte. Llegué a una orilla, donde había un campo con vegetación muy baja. No meanimé a avanzar. Me quedé ahí hasta la tardecita, cuando un policía me vio, yocorrí y me hirió de un balazo en la espalda, con orificio de salida detrás deuna oreja. No sé cómo pude quedar con vida, porque me atravesó todo el cuello.Pero fue un desmayo y, cuando me di cuenta, oí que el que me había heridoestaba tocando un silbato. Recurrí a las energías que me quedaban y salícorriendo. Ya escuchaba las camionetas de los alrededores. Dije: "Adentrodel monte no me puedo quedar, porque me voy a desangrar". Así que decidísalir del monte y esconderme en el campo. A los 45 minutos se hizo de noche yla retirada fue más fácil. A los 20 días nos volvimos a encontrar. Yo nopensaba que él me iría a buscar, porque era consciente de que para él yo estabamuerta. Pero nos volvimos a juntar en un lugar de encuentro. Ahí decidimosafrontar la situación que se nos venía: yo estaba embarazada otra vez y habíaque plantearse una nueva estrategia.

–¿Cuál fue el plan?

I. K.: Nos planteamos retirarnosde la zona y buscar nuevos horizontes. Ahí emprendimos la caminata hacia laprovincia de Santa Fe, con brújula en mano y tomando la dirección que nosindicaban las estrellas. Cargábamos lo mínimo posible, porque cada kilo sesentía. La mayor parte de las veces avanzábamos de noche. Ibamos recogiendoalimentos por el camino, desde nidos de avispa con miel –que teníamos siempredisponibles–, tortugas, ranas, pajaritos. Tuvimos varias pescas muyimportantes. Esa caminata duró casi 30 días. Después de unos días de sequía,tuvimos lluvias torrenciales y nos quedamos en medio de una laguna. Pasamos lanoche defendiéndonos del agua, para que no invadiese nuestro pequeño espacioseco. Ahí no tuvimos más problemas para tomar agua, pero era incómodo caminaren el agua. Calentábamos las botas para que estuvieran secas más tiempo.

–Desde Santa Fe, ¿lograron salirdel país?

I. K.: Estuvimos un año más enlos cañaverales. Reconstruimos viejas relaciones con amigos para que nospudieran dar una mano para salir. Se necesitaba toda una logística. Así queestuvimos ahí hasta que pudimos dar este salto para salir el país, ya con otrohijo nuestro que escapó con nosotros. Y con la amargura de que otra hijanuestra quedaba en el país. Pero todavía teníamos la esperanza de que las cosasiban a cambiar.

Reportaje del periodista Werner Pertot.

2 comentarios:

Blogger Libertad dijo...

Que grande exemplo de Luta, Coragem, Perseverança, Idealismo e Amor !
As pessoas simples, costumam ter estes Princípios e estes Valores ! Porque, na simplicidade de Ser, estão os verdadeiros sentimentos !

Um grande Abraço, desta brasileira, gaúcha de Porto Alegre - RS

EL PATRIOTA DE CORDOBA dijo...

muchas gracias compañera por el comentario. Me alegro que le guste. saludos

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