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sábado, 23 de abril de 2011

La revolución se hace toda la vida, todos los días, todas las horas




Discurso de Hebe de Bonafini al recibir la Laurea Honoris Causa de la Universidad de Bologna. Aula Magna Santa Lucía, 17 de octubre de 2007.

'Al Señor Rector, a Letizia Bianchi, a todos los rectores y profesores presentes, los alumnos, los compañeros,
Esta Laurea la recibo en nombre de mis compañeras, de todas. Se la dedico a los 30 mil desaparecidos y la comparto con mi hija María Alejandra, que desde muy pequeña me acompañó y permitió con su aporte, con su ayuda, que yo pudiera hacer todo esto.
Esta lucha, aunque estuvimos solas muchas veces, no la hicimos solas. Esta marcha en la Plaza, que es como la gota de agua que horada la piedra, este caminar hoy, cansado después de 30 años, es una marcha que tiene estampado el grito por la justicia, que todavía hoy es necesario seguir levantando, porque todavía hoy hay injusticias y todavía hoy hay asesinos que están en libertad.
Los que han hablado antes que yo han explicado muy bien la lucha de las Madres, creo que no tengo que insistir sobre esos temas, pero si decirles que las Madres nos sentimos revolucionarias, que la revolución es un hecho permanente, no es de un día ni de dos. La revolución se hace toda la vida, todos los días, todas las horas. La revolución se hace cuando uno transforma esta sociedad que nos dice siempre que no se debe, pero los pueblos sabemos que se puede. Las Madres hemos inventado mil formas para comunicarnos y encontramos diferentes maneras para gritarle al mundo qué pasaba y la solidaridad del mundo llegó y el mundo nos tendió su mano y si estamos vivas es porque muchísimos de ustedes se solidarizaron con nosotras. Gracias por la solidaridad.
Hay dos cosas importantes que tenemos que saber. Primero que cuando uno empieza una lucha no hay que pensar que somos pocos, dos ya somos un montón. Las Madres nos dimos cuenta que la lucha individual no sirve, se agota en sí misma, lo que a las Madres nos mantuvo vivas es haber estado juntas todos los días, todas las horas, todas las semanas, todos los años. Y también haber escuchado a nuestros hijos. Ellos nos enseñaron la solidaridad, ellos nos enseñaron su entrega, sus ganas de cambiar este mundo.
Cada día las Madres tuvimos que inventar cosas nuevas. Los primeros tres años no tuvimos ningún lugar donde reunirnos, sólo la calle. Nos llevaban preseas todos los jueves, nos metían en las comisarías, nos golpeaban. Pero las Madres teníamos claro que lo más importante era la vida de los hijos y que había que hacer cualquier cosa para ayudarlos. Es verdad, no los recuperamos, no los volvimos a ver, pero queda claro que el verdugo no pudo con ellos. Los tiró vivos al río, los quemó vivos, los enterró, pero no contaban con nosotras que les empezamos a dar vida en cada acción, en cada acto, en cada plaza, en cada momento. Ellos viven y hoy están aquí, con ustedes ¡aplaudiendo!
Las Madres socializamos la maternidad, somos madres de todos. Fue un acto importante, porque socializar la maternidad es romper ese vínculo de lo individual, es hermoso tener 30 mil hijos cada madre y cada hijo tiene miles de madres.
La complicidad fue muy grande. La dictadura no hizo sola lo que hizo, parte de la Iglesia, los políticos, los sindicalistas burocráticos, los periodistas y los militares; y también la gran burguesía argentina que se quería quedar con nuestra patria.
Siempre quisieron dar por muertos a nuestros hijos, pero nadie quiere pagar la culpa de su muerte, por eso las Madres no aceptamos su muerte. Nuestros hijos están desaparecidos para siempre, por eso no queremos cobrar reparación económica, lo que se tiene que solucionar con la justicia no se puede solucionar con dinero.
Para las Madres es un honor muy grande esta Laurea, que sólo nos da más responsabilidad, más responsabilidad en el trabajo. Las Madres tenemos entre 80 y 93 años, esta es la edad de las Madres que estamos en la lucha. Pero mientras exista una sola Madre, va a existir la Plaza, y después está todo lo que tenemos en manos de los jóvenes, creemos en la juventud, amamos a la juventud de la misma manera, con la misma pasión con la que amamos a nuestros hijos y a la lucha.
Las Madres tenemos la Radio, la Universidad, una imprenta, un periódico, biblioteca, videoteca, librería y hoy, estamos construyendo viviendas y no sólo viviendas, estamos construyendo una nueva sociedad que es la sociedad que querían nuestros hijos. Las viviendas van acompañadas de alfabetización, capacitación y comprensión de la lucha.
Los invito a todos los que vayan a Buenos Aires a que pasen por la casa de las Madres, a que pasen por la Plaza. Ya no nos pertenece ni la casa ni la Plaza, el mundo entero se tendrá que hacer cargo del archivo más grande que hay en Latinoamérica, que es el archivo de las Madres y de todo lo que nos han regalado durante tantos años, de todos los premios. Ya no nos pertenecen a las Madres, le pertenece al mundo entero, que nos dio una mano en los momentos más difíciles.
Y permítanme un diálogo con mis hijos, con los 30 mil. Queridos hijos, la lucha nunca es inútil y la sangre de esta Latinoamérica derramada será para pedir la libertad de todos nuestros pueblos postergados. Muchas gracias.'

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