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sábado, 26 de marzo de 2011

Exilio


dedicado a Juan Gelman

Cuando pienso la palabra
(exilio)
siento
que me crece
que me sacude ecos
que me apropia de noches.

Recuerdo
las tardes de ciruelo y soldaditos
los domingos de asado
y fútbol en la radio
esa pampa cercada por achiras y lirios…

Entonces conocía
que más allá del ejército troyano
esa palabra (exilio) era un castigo griego
-democráticamente impuesto-
(con un cierto sabor a “pido gancho”)

Después
la vida me hizo tonto
(o hice tonta mi vida):
me acostumbré a nadar en colectivos
a respirar cronometradamente
a sentir que no importan los lugares
cuando hay toda una vida
sin inaugurar
cuando todo lo importante
se conquista
cuando casi no hay sitios
a los que regresar
y queda la ilusión que el tiempo multiforme
pasa sólo para mí
para burlarse de mis sueños
habiéndome enseñado
sólo a justificar derrotas.

Y vuelve el ágora
y el ostracismo más grave que la muerte
quizás porque era la muerte
y yo no lo veía
creyendo que las cosas tienen un solo nombre.

Hasta esos otros exilios
los impuestos
los que empezaron ellos
los analfabetos tartamudos
(que sólo podían nombrarse repitiendo
la primera letra del alfabeto)
los que exiliaron hasta a los que quedamos
haciendo de la vida
el cucurucho dado vuelta
la falta de preguntas
la única respuesta.

Los otros
como vos
como tu hijo
los que sí vieron la cara de la muerte
los que fueron
los que fueron-fueron
ustedes habitaron la palabra
ella se hizo calcio de sus huesos
les vació la mirada
los llamó por su nombre
por vez última
y los hizo
definitivamente
desterrados.

Nosotros
nos fuimos exiliando para adentro
sin pasaporte que nos dijera quiénes somos
sin acentos extraños
con mate y empanadas
con la almohada de siempre
los amigos del barrio
la vuelta de la esquina.

Para nosotros
los que nos exiliamos en el fondo de casa
la muerte y el exilio tuvieron otros nombres
como todo lo tiene.


No encuentro pasaporte para emprender la vuelta
todo parece haber olvidado el regreso
los aviones perdieron sus rutas migratorias
y si hay un aeropuerto
no tiene picaporte.

Para este endoexilio
no habrá nunca
amnistía.

Autor: Mario Alberto Manuel Váquez - Ciudad de Salta

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